El despliegue visual es impresionante y se utiliza con gran belleza cuando es necesario. En cuestión de minutos, ese universo se convierte en una especie de hogar. Es una verdadera alegría regresar a este mundo con una calidad tan elevada.
Si le suena a 'Alien' es porque es prácticamente la misma historia. Pero lo que cuenta es cómo ese mito reaparece con personajes más interesantes que los del film de Ridley Scott. Y también porque el costado “aventura” es mucho más dinámico y efectivo.
No es una mala película, aunque tampoco es excelente. Besson no sólo trata de rescatar el diseño hermoso de la tira original sino que trata de inventar maneras de sumergir al espectador en la acción a niveles casi surrealistas.
El aire ominoso de sus mejores películas aquí se siente prefabricado y un tanto mecánico. Sin embargo, la bestia permanece hermosa y aterradora. Un gran ícono, a veces, puede rescatar una obra.
Lo más interesante es cómo el paisaje planetario influye en la trama. Los personajes son interpretados con convicción y seriedad, lo que permite transmitir la profunda esencia de la historia.
Hay comprensión por el género que homenajea: Esa belleza poética es lo que sostiene 'Serenity' por detrás de los efectos especiales y el vértigo narrativo.
Es una película alegre que aborda la estupidez de manera cósmica. Todos los actores son excepcionales. Además, ofrece un antídoto contra la apatía. No te pierdas al robot depresivo con la voz de Alan Rickman.
Una auténtica reflexión metafísica, una gran película de aventuras con cierto aire de inocencia infantil y de emoción que no suele asociarse al director.
No sólo es una comedia hermosa y llena de momentos emotivos sobre la fama y el paso del tiempo, sino que también es una película de aventuras perfecta que nunca tiene un mal momento.
Aquí hay muchos problemas de guión, solo solventados por el enorme compromiso que tienen los actores: Kristen Stewart cree en el personaje que está interpretando y eso permite que sintamos algo a pesar de tantas fallas.
Revierte una cierta (espantosa) tendencia del cine de superhéroes, el de querer ser “serios y realistas (...)” en lugar de lograr los mismos fines como el cómic: por medio de la diversión desaforada donde todo puede ser posible.
Aquí vuelve el espíritu aventurero de la primera, casi todos los personajes, las secuencias a lo Buster Keaton y un buen villano. Debería alcanzar con eso para pasarla bien.
Más allá de la trama, es de una enorme belleza el diseño, que atrae la mirada de manera constante y nos obliga a seguir mirando, nos mantiene en suspenso hasta el final donde la emoción y la inteligencia se transforman en descubrimiento.
El realizador emplea con maestría la ironía y el humor negro para captar nuestra atención. A la vez, presenta una fantasía oscura filmada bajo un radiante sol, que se siente como una genuina declaración de amor hacia el arte del cine. Es un juego puro que deja al espectador sin aliento.
Que la redención sea la escritura de un libro o el rodaje de un film es parte de esa declaración de clasicismo que define esta película, que aunque presenta algunas fallas, es muy bella.