Los personajes están presentes y la narrativa se desarrolla con la misma elegancia y brutalidad típica de la serie. El suspenso que se genera en cada episodio mantiene el interés por seguir la historia.
Un análisis sobre la explotación de franquicias, la calidad variable de la animación y la forma de evadir derechos de autor, además de la tendencia a relanzar productos del pasado, se ve acompañado de momentos de un humor excesivamente repetitivo.
Aaron Paul ofrece una interpretación sólida. El universo presentado tiene sus aciertos y fallas, y los nostálgicos encontrarán lo que vinieron a buscar, aunque su experiencia se limita a eso.
Las cosas no funcionan por razones estrictamente cinematográficas: abarcar demasiado sin lograr que algo integre los diferentes niveles de la película en un todo coherente.
A pesar de ser imperfecta y contar con algunos chistes fuera de lugar, esta serie se presenta como la única alternativa viable a la original: reírse de sus absurdos. No resulta molesta y logra provocar risas.
Con las herramientas del mejor cine negro, diálogos precisos y una puesta en escena que combina en la imagen las luces y las sombras del personaje. Clásico oculto.
Peter Berg logra contar la historia del Oxycodin, ese analgésico milagroso que terminó siendo veneno, como un thriller siempre interesante. Nunca aburre.
Fassbender satiriza su propia insufribilidad y muchas de las situaciones resultan realmente cómicas. Ante la situación del cine actual, no hay mayor satisfacción que salir contentos de una sala de proyección.
La película no olvida el contexto social que rodea la historia, pero se centra en lo verdaderamente esencial: la intensa aventura de salvar vidas. Viggo McGregor logra una actuación sólida y comprende a la perfección las motivaciones de su personaje.
El balance entre los personajes es perfecto, con Peterson y Luque mostrando un gran nivel. Winograd logra nuevamente hacer sonreír al público al combinar comedia y suspenso de manera efectiva.
El gran problema de esta producción de Netflix es que envuelve un relato moralista en medio de lujos y altos valores de producción, pero carece de cualquier tipo de ambigüedad.
Los dos casos se presentan con un marcado didactismo, y el universo narrativo está edificado sobre estereotipos de lo que representan los ricos y los pobres.
Este guión anodino y sin matices es elevado por la actuación excepcional de Christopher Walken. Su interpretación aporta dignidad, ira, tenacidad y una notable resiliencia a través de gestos precisos.
La serie presenta todos los elementos esenciales del género: intrigas palaciegas, crímenes intrigantes y una meticulosa recreación estética y sonora de la época.