Un análisis sobre la explotación de franquicias, la calidad variable de la animación y la forma de evadir derechos de autor, además de la tendencia a relanzar productos del pasado, se ve acompañado de momentos de un humor excesivamente repetitivo.
Aaron Paul ofrece una interpretación sólida. El universo presentado tiene sus aciertos y fallas, y los nostálgicos encontrarán lo que vinieron a buscar, aunque su experiencia se limita a eso.
Las cosas no funcionan por razones estrictamente cinematográficas: abarcar demasiado sin lograr que algo integre los diferentes niveles de la película en un todo coherente.
A pesar de ser imperfecta y contar con algunos chistes fuera de lugar, esta serie se presenta como la única alternativa viable a la original: reírse de sus absurdos. No resulta molesta y logra provocar risas.
Peter Berg logra contar la historia del Oxycodin, ese analgésico milagroso que terminó siendo veneno, como un thriller siempre interesante. Nunca aburre.
La película no olvida el contexto social que rodea la historia, pero se centra en lo verdaderamente esencial: la intensa aventura de salvar vidas. Viggo McGregor logra una actuación sólida y comprende a la perfección las motivaciones de su personaje.
El balance entre los personajes es perfecto, con Peterson y Luque mostrando un gran nivel. Winograd logra nuevamente hacer sonreír al público al combinar comedia y suspenso de manera efectiva.
Filmada con un realismo estilizado que resalta a los protagonistas, sin golpes bajos ni secuencias innecesarias, la película logra lo que toda buena obra debe: abordar lo universal a través de lo particular.
Por momentos, resulta un documental "actuado" sobre lo que implica un caso terminal. El tema de la eutanasia, posiblemente lo más interesante y relevante, se aborda a través de diálogos que no terminan de impactar. El resto de la película es visible, aunque no particularmente memorable.
Hablar de la dirección en este caso es ocioso, pero resulta funcional a lo más parecido al retrato que puede brindar el cine. (...) la sensación final es de una amabilidad a toda prueba, que nos permite reír incluso de momentos oscuros.
Puede ser considerado como la mejor película de béisbol de la Historia. Es esa clase de grandes películas que trascienden el contexto local de su planteamiento.
Además del plácido recorrido, hay humor. Buen humor, podríamos decir, lejos de esa angustia a veces un poco artificial que destila el resto de la obra de este autor. Y, milagro, desde la primera toma es una película de David Lynch.
Una película que sigue siendo de las mejores obras de aventuras salidas del corazón de la industria. No hay una toma de más. Una reflexión sobre el cine mismo.
Hay pocas películas que aúnen perfección técnica y narrativa clásica con una búsqueda del placer. En 'Curvas…' eso sucede para los personajes y para los agradecidos espectadores.
Es cierto que hoy resulta relevante por muchas razones extracinematográficas. Pero lo mejor de esta película es cómo mantiene el suspenso durante todo su transcurso.
La historia de un ladrón que ve el final de su carrera, interpretada con maestría por un actor en su ocaso, resulta ser cautivadora. Esta película cumple con lo que promete.
Un thriller paranoico que, afortunadamente, se aleja de la creatividad gráfica excesiva y opta por un manejo excepcional de actores y emociones. Se enfoca en el miedo en lugar del susto, lo que permite construir un recuerdo duradero.