Aquí vuelve el espíritu aventurero de la primera, casi todos los personajes, las secuencias a lo Buster Keaton y un buen villano. Debería alcanzar con eso para pasarla bien.
Más allá de la trama, es de una enorme belleza el diseño, que atrae la mirada de manera constante y nos obliga a seguir mirando, nos mantiene en suspenso hasta el final donde la emoción y la inteligencia se transforman en descubrimiento.
El realizador emplea con maestría la ironía y el humor negro para captar nuestra atención. A la vez, presenta una fantasía oscura filmada bajo un radiante sol, que se siente como una genuina declaración de amor hacia el arte del cine. Es un juego puro que deja al espectador sin aliento.
Que la redención sea la escritura de un libro o el rodaje de un film es parte de esa declaración de clasicismo que define esta película, que aunque presenta algunas fallas, es muy bella.
La película es bastante deficiente. Los efectos especiales son escasos y de mala calidad, lo cual pone a los actores en una posición complicada, ya que deben esforzarse al máximo con un guión muy flojo.
La hosquedad de Costner es brillante y evoca el ambiente del cine clásico de aventuras que solía ofrecernos cada semana. Ignore las opiniones previas sobre esta película y permítase disfrutar de su inventiva y de sus arquetipos.
Todo está narrado con precisión, buscando provocar en el espectador una inestabilidad que desencadena el miedo, un miedo que puede conducir a lo maravilloso.
Una película que no presenta ni un minuto superfluo, dedicándose a mostrar lo esencial y manteniendo en primer plano el verdadero impulso del paisaje: los personajes. El director parece dominar a la perfección todos los secretos de su arte.
Aunque en ciertos momentos el tema parece extenderse de forma artificial, el desempeño de Rockwell y Williams logra aportar brillo a las secuencias más triviales.
Más cerca de la experimentación con la imagen y con la –saludable– contaminación de lenguajes. Hay una historia, por cierto, pero se imbrica totalmente con la pura forma, el juego del cine.
Este film logra profundidad psicológica y temática sin explicar nada, a pura imagen, a puro retrato del comportamiento de su protagonista, a quien el espectador no puede dejar de mirar.
'Garra' es un motivo para ser felices: una película formalmente simple, narrada con ese medio tono entre comedia y drama que solo los americanos manejan con maestría, con personajes que parecen seres humanos.