Este guión anodino y sin matices es elevado por la actuación excepcional de Christopher Walken. Su interpretación aporta dignidad, ira, tenacidad y una notable resiliencia a través de gestos precisos.
La serie presenta todos los elementos esenciales del género: intrigas palaciegas, crímenes intrigantes y una meticulosa recreación estética y sonora de la época.
Lo más destacable de esta película es Jennifer López. Ella es una actriz extraordinaria que, lamentablemente, no ha sabido seleccionar adecuadamente sus proyectos. Aun así, logré disfrutar de la película, a pesar de su insistente moraleja sobre la sororidad.
Por un lado, la historia de amor es atractiva, gracias especialmente a la actuación de Emilia Clarke. Por otro lado, la intriga policial se presenta como una serie de obstáculos que, en comparación, resultan más triviales.
Es cierto que hoy resulta relevante por muchas razones extracinematográficas. Pero lo mejor de esta película es cómo mantiene el suspenso durante todo su transcurso.
La historia de un ladrón que ve el final de su carrera, interpretada con maestría por un actor en su ocaso, resulta ser cautivadora. Esta película cumple con lo que promete.
Un thriller paranoico que, afortunadamente, se aleja de la creatividad gráfica excesiva y opta por un manejo excepcional de actores y emociones. Se enfoca en el miedo en lugar del susto, lo que permite construir un recuerdo duradero.
La película aborda el tema de manera precisa, sin extenderse más de lo necesario, y logra un equilibrio adecuado en sus momentos de impacto. Sin embargo, es importante resaltar que la historia real es considerablemente más intrigante que la representación cinematográfica.
Un relato bien narrado sobre un tipo común que hizo algo extraordinario, y la declaración de que el poder es malo malísimo siempre, algo que Stone nos ha dicho mejor en otras ocasiones.
Berg tiene una notable capacidad para conformar un elenco que opera de manera armoniosa, en el que cada actor aporta sin discordancias, incluso aquellos con estilos disímiles. Se trata de un espectáculo que no carece de buenas ideas.
Su problema es que en realidad no hay ninguna tensión: todo se desarrolla con prolijidad. Lo mejor es la ambigüedad sobre los hechos que rodea al protagonista.
La película presenta simbolismos y algunas escenas que parecen innecesarias. La técnica prevalece sobre el desarrollo de los personajes, lo que la convierte en un film exhibicionista y pedante. Iñárritu parece repetir la fórmula de Michael Bay en 'Transformers', aunque con un tono más serio.
El cuarteto formado por Christian Bale, Ryan Gosling, Brad Pitt y Steve Carell logra interpretar con gran precisión lo que resulta ser oscuro. El humor se siente natural y McKay tiene la habilidad de alcanzar su objetivo, aunque en ocasiones el dramatismo puede parecer exagerado.