Este film logra profundidad psicológica y temática sin explicar nada, a pura imagen, a puro retrato del comportamiento de su protagonista, a quien el espectador no puede dejar de mirar.
Se aprecia el esfuerzo por innovar: en el segundo episodio, un tiroteo con rayos láser entre los tejados ilustra cómo la tecnología puede aportar emoción a la narrativa.
El problema de esta versión más cómica de la serie de TV de los noventa radica no en que sea demasiado absurda, sino en que, de manera deliberada, no mantiene ese absurdo en todo momento, lugar y forma.
Existía un tema central, la lucha entre la fe y la razón, así como otro más, la relación entre padre e hija. Sin embargo, en su intento por incluir todos los clichés del subgénero, se perdieron en los giros de la trama.
Este guión anodino y sin matices es elevado por la actuación excepcional de Christopher Walken. Su interpretación aporta dignidad, ira, tenacidad y una notable resiliencia a través de gestos precisos.
Por un lado, la historia de amor es atractiva, gracias especialmente a la actuación de Emilia Clarke. Por otro lado, la intriga policial se presenta como una serie de obstáculos que, en comparación, resultan más triviales.
Un thriller paranoico que, afortunadamente, se aleja de la creatividad gráfica excesiva y opta por un manejo excepcional de actores y emociones. Se enfoca en el miedo en lugar del susto, lo que permite construir un recuerdo duradero.
Hablar de la dirección en este caso es ocioso, pero resulta funcional a lo más parecido al retrato que puede brindar el cine. (...) la sensación final es de una amabilidad a toda prueba, que nos permite reír incluso de momentos oscuros.
Además del plácido recorrido, hay humor. Buen humor, podríamos decir, lejos de esa angustia a veces un poco artificial que destila el resto de la obra de este autor. Y, milagro, desde la primera toma es una película de David Lynch.
Hay pocas películas que aúnen perfección técnica y narrativa clásica con una búsqueda del placer. En 'Curvas…' eso sucede para los personajes y para los agradecidos espectadores.
Obra maestra de Nicholas Ray, merece volverse a ver fuera de cualquier devoción, con los ojos centrados en el gran conflicto: qué hace el ser humano cuando choca con lo extraordinario, con lo imposible.
Mucho de lo que podría considerarse un defecto se transforma en virtud: no se puede narrar esta especie de monstruo histórico sin caer en lo desmesurado.
El film es desparejo, pero ofrece varios momentos placenteros. De alguna manera, esta inconsistencia es adecuada para una película que transcurre en una mente compleja.
La película intenta ser ingeniosa, aunque no siempre consigue su objetivo. A pesar de esto, la presentación del material de archivo resulta ser extremadamente valiosa para entender nuestras raíces en esta era de modernidad tecnológica y erótica.
Esta quinta temporada mantiene las virtudes de las anteriores: un montaje con un timing perfecto, una excelente mezcla de drama y comedia, y personajes entrañables.