El balance entre los personajes es perfecto, con Peterson y Luque mostrando un gran nivel. Winograd logra nuevamente hacer sonreír al público al combinar comedia y suspenso de manera efectiva.
Existía un tema central, la lucha entre la fe y la razón, así como otro más, la relación entre padre e hija. Sin embargo, en su intento por incluir todos los clichés del subgénero, se perdieron en los giros de la trama.
Los dos casos se presentan con un marcado didactismo, y el universo narrativo está edificado sobre estereotipos de lo que representan los ricos y los pobres.
La serie presenta todos los elementos esenciales del género: intrigas palaciegas, crímenes intrigantes y una meticulosa recreación estética y sonora de la época.
Su problema es que en realidad no hay ninguna tensión: todo se desarrolla con prolijidad. Lo mejor es la ambigüedad sobre los hechos que rodea al protagonista.
Hablar de la dirección en este caso es ocioso, pero resulta funcional a lo más parecido al retrato que puede brindar el cine. (...) la sensación final es de una amabilidad a toda prueba, que nos permite reír incluso de momentos oscuros.
Cada episodio se siente como una película en sí mismo, con un evidente toque agridulce característico de Spielberg, y cuenta con realizadores altamente capacitados.
El film es desparejo, pero ofrece varios momentos placenteros. De alguna manera, esta inconsistencia es adecuada para una película que transcurre en una mente compleja.
El film, realizado con un ritmo amabilísimo, apunta a algo universal que atraviesa la marea del tiempo. En otras palabras, apunta al misterio del arte, algo poco frecuente en nuestro cine tan sobrecargado de retórica y utilitarismo obligatorio.
Esta versión de Julien Schnabel explora la relación entre el cine y la plástica, presentándose de forma episódica, como un recorrido visual por diversas obras. El eje central es el sobresaliente trabajo de Willem Dafoe, quien interpreta al pintor holandés con un estilo que mezcla sutileza y exageración.
El hundimiento sigue siendo tan potente y bien realizado como en la época de su estreno. Si bien la de Cameron es una obra maestra, esta versión, no se compara y vale la pena.
Obra maestra de Nicholas Ray, merece volverse a ver fuera de cualquier devoción, con los ojos centrados en el gran conflicto: qué hace el ser humano cuando choca con lo extraordinario, con lo imposible.
Lo que hace que la película funcione son, sobre todo, las relaciones con los otros personajes: Hugh Grant es inteligente y gracioso, mientras que Simon Helberg logra equilibrar la simpatía y el fastidio en su papel como profesor de música.