Hablar de la dirección en este caso es ocioso, pero resulta funcional a lo más parecido al retrato que puede brindar el cine. (...) la sensación final es de una amabilidad a toda prueba, que nos permite reír incluso de momentos oscuros.
Cada episodio se siente como una película en sí mismo, con un evidente toque agridulce característico de Spielberg, y cuenta con realizadores altamente capacitados.
Una película que sigue siendo de las mejores obras de aventuras salidas del corazón de la industria. No hay una toma de más. Una reflexión sobre el cine mismo.
Más allá de la calidad musical y la poesía de don Joaquín, es relevante que la película elige una de las sinceridades más notables y divertidas. Sabina sabe cómo moverse en el juego del intérprete, logrando así un retrato auténtico de sí mismo.
Todas estas rarezas, desde las visuales hasta las narrativas, se toman en serio y eso es lo más extraño porque esa sinceridad hace que la película funcione y no sea difícil secarse las lágrimas.
Una gran sorpresa en el cine de los últimos años: la intensidad del drama interior que vive la protagonista se traduce en imágenes efectivas, siempre justas.
El film se mueve en un constante juego entre el hombre y su leyenda, explorando la dualidad entre el artesano que crea su música y la icónica figura que la interpreta. Además, se destaca como la producción más ambiciosa jamás realizada en Paraguay.
Spielberg logra la hazaña no solo de poner bajo la lupa todo un sistema político, sino también de reconstruir a un hombre y dejarnos la moraleja a nosotros.