Es increíble que la secuela de una de las mejores películas de Disney, no del todo animada, de los últimos quince años se haya lanzado directamente en su plataforma de streaming. Es una buena película.
Además de ofrecer un gran homenaje al melodrama mexicano, es un film universal que plantea interrogantes sobre el significado de la memoria y de "los otros" en cada vida.
Lo mejor del film es Viggo, quien ofrece una actuación brillante, acompañado por Langella, un gran actor que aporta mucho a la película. Aunque peca de sobreactuar la corrección política, logra transmitir emociones auténticas.
No hay películas como esta, que asuman riesgos y se atrevan a lanzarse sin restricciones. Además, tiene un humor excepcional y los personajes son muy carismáticos. Es un cine que se muestra tal cual es.
Los prejuicios son solo la punta del iceberg y no son exclusivos de los blancos. Esta ambigüedad es lo que permite que, casi treinta años después de su realización, la obra continúe siendo notable y fresca.
Todo está narrado de una forma que, de cierto modo, esquiva nuestra empatía, como si, incluso en los momentos de mayor suspenso, debiéramos aceptar todo como lo que realmente es: pura sátira.
Una trasposición de la pesadilla al cine como pocas veces se había logrado y se volvió a lograr. Los travellings sobre maquetas son puro viaje hacia el inconsciente.