[Contiene] un enorme gusto para el diseño y la capacidad de encarnar mil personajes de cada uno de los intérpretes. El final es una de las grandes bromas que ha dado el cine cómico en toda su existencia.
Lo que hizo Monty Python fue deconstruir el mundo y reconstruirlo de tal manera que todas sus taras se hacen evidentes. Es un verdadero acontecimiento poder disfrutar de su obra. Además, reír con ella es un regalo; el mundo no ha cambiado.
La idea de un drama sobre una pareja, que en ocasiones se vuelve crudo, cómico o alucinante, es interesante. Se apoya principalmente en las actuaciones y parece más un ensayo teatral que ha encontrado su lugar en la televisión de plataformas.
Gervais, en ciertos momentos, utiliza la frase típica de un póster, pero la reflexión que presenta se convierte en un discurso impactante sobre el poder curativo de la comedia.
El problema radica en que todo se siente agotado; los giros de la trama resultan bastante predecibles y, de alguna manera, nos distraemos con el diseño de producción. No obstante, es comprensible que la obra tenga su atractivo.
Es un retrato de cómo funciona la inteligencia. Cómo aprendemos a razonar, eso es fascinante, casi parece una película de suspenso o de ciencia ficción, una que no les tiene miedo ni a las imágenes ni a las palabras.
Quien esto escribe no está en contra de la religión. Quien esto escribe está en contra de la propaganda, especialmente cuando está filmada con los muñones de los hombros. Por lo insólita, imperdible.
El humor inglés, combinado con un enfoque paródico y la excelente química entre dos actores que forman un gran dúo cómico, hacen de esta película una experiencia muy divertida.
Con buenos momentos, pero muy por debajo de las grandes obras como 'No se metan con Zohan' o 'La mejor de mis bodas', permite apreciar de manera clara el estilo cómico de Sandler.
Opta por algo divertido e inteligente: continuar con la broma. Los actores son todos geniales y tienen el coraje de tomarse esta tontería explícita y bien hecha con la seriedad de los grandes comediantes.
Es tan buena como la original lo fue para su tiempo y agrega la idea no demasiado original, pero tampoco demasiado transitada, de “terror para todo público”.
En esta obra, todo se presenta de manera más caprichosa y evidente, a veces rozando lo pedante. Se percibe a un director que actúa con una actitud de "hago lo que quiero porque puedo", lo cual pierde relevancia para el espectador.