Una de las mejores creaciones animadas de las últimas décadas, gracias a su fusión del cartoon clásico con una notable intención de desafiar los lugares comunes.
El tema de la infancia como un lugar peligroso se diluye un poco debido a la ambición presente en la historia. No obstante, es una película que se atreve a asumir riesgos, lo cual es inusual en el ámbito del gran espectáculo.
El humor predominante se hace presente en cada una de las secuencias, incluso en los momentos de dolor y tragedia. Sin embargo, no se trata de un humor irónico, sino de uno que surge de la distancia y de la ternura, de observar a esos personajes, incluyendo a los villanos, con un profundo respeto humano.
Cada plano está lleno de detalles que queremos seguir observando, mientras la historia nos lleva a otro tipo de juego, más consciente y más noble al mismo tiempo. De esas películas de las que no se espera nada, pero entregan absolutamente todo.
Sutilmente, el film aborda un tema fascinante: la verdadera lucha entre el bien y el mal ocurre dentro de las personas. Es un enfoque notable para una película de superhéroes.
El film es un cuento de hadas animado con una trama inspirada en Dickens, donde cada elemento del diseño tiene un propósito y logra evocar una emoción auténtica. Es notablemente más creativo que la mayoría de las animaciones lanzadas este año. Una verdadera obra de belleza.
Las buenas películas son aquellas cuyos errores se disuelven gracias a sus virtudes: 'Maléfica' es una buena película. La emoción que genera, especialmente en el primer tercio del film, es una proeza. Anímese.
Conserva menos el humor sardónico de Ward que el que surge de la acción y la aventura, aunque conserva ciertos toques de elegancia de la tira original.
Como todo experimento, gran parte de su encanto reside en lo inacabado, en lo provisorio. Y respecto de otros films “provisorios” del propio Godard, es menor: un juego que, alternativamente, requiere mucho y muy poco de su espectador.
La cuestión no es qué se narra sino cómo, y Saldanha y su equipo han decidido redoblar la apuesta humorística e inventar todo lo posible en el campo de lo visual. Uno de los grandes triunfos de la película consiste en la inventiva.
La forma en que se manipulan la luz, los colores y los planos para otorgarles la “calidad dibujo” parece parodiar sutilmente el primer film. Hay un guiño inteligente en este cambalache, lo cual lo hace disfrutable. Deja los prejuicios afuera.
Una muestra de lo peor del mainstream. Edwards no entiende que este tipo de películas busca la catarsis a través de lo monumental, el descontrol absoluto, la emoción aterradora de presenciar a un monstruo enfrentarse a otro en una pelea brutal. Pero no hay nada de eso aquí.
Una perfecta respuesta de China al blockbuster estadounidense. Claro que mucho más exacerbado, colorido y gigantesco en el sentido más hiperbólico que se pueda concebir.
Abrams demuestra una notable seguridad en el manejo del aparato cinematográfico. Es un film orientado a un público joven, en la medida de su épica alegre. Al mismo tiempo, es un film dirigido a un público adulto, ya que captura la complejidad de sus personajes.
Lo que hace que esta película sea atractiva es su habilidad para contar la historia y para introducir humor en cada momento. Cuando el cine es inteligente, no necesita enfatizarlo.
Acá la cosa es trabajar mucho y aceptarse a uno mismo para ser feliz. Pero más que la moraleja, lo que importa es el bello diseño y la risa constante de este film generoso.
Lo interesante del arte de Sanders consiste en que, si bien no desdeña los momentos de acción, mantiene a los personajes en equilibrio, los hace complejos y no necesariamente arquetípicos, capaces de cambiar y no rígidas herramientas del guión.
El Gran Gatsby no carece de ironía, aunque no se destaca por su humor. Mantener la fidelidad al sentimiento trágico y a la perspectiva desencantada sobre el mito americano del self-made man exige una depuración de los colores del artificio estadounidense.