Cada plano está lleno de detalles que queremos seguir observando, mientras la historia nos lleva a otro tipo de juego, más consciente y más noble al mismo tiempo. De esas películas de las que no se espera nada, pero entregan absolutamente todo.
Sutilmente, el film aborda un tema fascinante: la verdadera lucha entre el bien y el mal ocurre dentro de las personas. Es un enfoque notable para una película de superhéroes.
Las buenas películas son aquellas cuyos errores se disuelven gracias a sus virtudes: 'Maléfica' es una buena película. La emoción que genera, especialmente en el primer tercio del film, es una proeza. Anímese.
Conserva menos el humor sardónico de Ward que el que surge de la acción y la aventura, aunque conserva ciertos toques de elegancia de la tira original.
Como todo experimento, gran parte de su encanto reside en lo inacabado, en lo provisorio. Y respecto de otros films “provisorios” del propio Godard, es menor: un juego que, alternativamente, requiere mucho y muy poco de su espectador.
La cuestión no es qué se narra sino cómo, y Saldanha y su equipo han decidido redoblar la apuesta humorística e inventar todo lo posible en el campo de lo visual. Uno de los grandes triunfos de la película consiste en la inventiva.
La forma en que se manipulan la luz, los colores y los planos para otorgarles la “calidad dibujo” parece parodiar sutilmente el primer film. Hay un guiño inteligente en este cambalache, lo cual lo hace disfrutable. Deja los prejuicios afuera.
Una muestra de lo peor del mainstream. Edwards no entiende que este tipo de películas busca la catarsis a través de lo monumental, el descontrol absoluto, la emoción aterradora de presenciar a un monstruo enfrentarse a otro en una pelea brutal. Pero no hay nada de eso aquí.
Una perfecta respuesta de China al blockbuster estadounidense. Claro que mucho más exacerbado, colorido y gigantesco en el sentido más hiperbólico que se pueda concebir.
Abrams demuestra una notable seguridad en el manejo del aparato cinematográfico. Es un film orientado a un público joven, en la medida de su épica alegre. Al mismo tiempo, es un film dirigido a un público adulto, ya que captura la complejidad de sus personajes.
Lo que hace que esta película sea atractiva es su habilidad para contar la historia y para introducir humor en cada momento. Cuando el cine es inteligente, no necesita enfatizarlo.
Acá la cosa es trabajar mucho y aceptarse a uno mismo para ser feliz. Pero más que la moraleja, lo que importa es el bello diseño y la risa constante de este film generoso.
Lo interesante del arte de Sanders consiste en que, si bien no desdeña los momentos de acción, mantiene a los personajes en equilibrio, los hace complejos y no necesariamente arquetípicos, capaces de cambiar y no rígidas herramientas del guión.
Lo técnico es irreprochable y el diseño, en muchos casos, resulta de un enorme atractivo. Ahora bien: el gran problema del film es que en gran parte es una serie de gags que no se relacionan entre sí.
Esta nueva entrega de la saga de superhéroes de Marvel ofrece interés. En primer lugar, presenta personajes que capturan la atención y generan deseo de seguir sus historias. En segundo lugar, incluye secuencias de acción que son visualmente impresionantes.
Sin tener la precisión emotiva del primer film, que además de hacernos reír nos enamoraba de sus criaturas, esta segunda parte apuesta todo al ritmo a veces desenfrenado y a la sorpresa gráfica.
El problema es que esos grandes momentos, ese gran film que pudo haber sido, navega a la deriva en el mar de la indecisión, del cine ordenado por inversores. Captura la imaginación solo espasmódicamente.
No es tan buena como la primera, básicamente porque hemos visto ya la mayoría de los chistes. Pero tiene dos grandes comediantes: los señores Azaria y Harris, quienes le aportan ritmo a la película.