Hay un defecto en la película: a pesar de la grandiosidad de los escenarios, resulta difícil disfrutar de las escenas de acción debido al vértigo provocado por una cámara que prioriza, en primer lugar, el ángulo más complicado y, solo después, el más adecuado.
Un director, con gran pasión, explora un universo que resulta muy querido para aquellos espectadores que aún no lo conocen. Es una excelente película que atraerá a todo tipo de público.
Si bien hay elementos de gran belleza en la película y secuencias que evocan una emoción genuina, todo se siente forzado, como si las escenas no tuvieran la duración apropiada.
No todo funciona de modo perfecto; el espectáculo, en ocasiones, intenta imponerse, y algunas de esas secuencias físicas resultan redundantes. Sin embargo, hay virtudes.
Esta combinación de cuento infantil, repleta de estereotipos y con lo más cuestionable de Disney en acción real, presenta una grave falta de ligereza, incluso en sus intentos de ser humorísticos.
No carece tampoco de trivialidades y de una duración quizás excesiva para la anécdota que desarrolla. Pero, de todos modos, resulta un film digno de sus productores.
La simpatía del personaje, indisoluble a su dibujo, alcanza para que se trate de un entretenimiento cabal, que no apela solo a lo conocido sino que trata de establecer su propio rumbo. Para gritarle “olé”, con ganas.
Es uno de los mejores relatos existenciales que el cine ha ofrecido, retratando la historia de un individuo que descubre su lugar en el mundo y de otro que habita en una ilusión. Su intensidad se mantiene intacta.
Toda la historia se vuelve accesoria al conflicto y poco a poco, más allá de ciertas secuencias por cierto espectaculares, disuelve la humanidad e incluso la ambigüedad de los protagonistas.
El thriller periodístico cumple su función. Sin embargo, tener un tema respetable no garantiza que una película sea considerada "buena" en términos estéticos, aunque sí pueda serlo desde una perspectiva moral.
Sí, resulta bastante decepcionante. Las actrices parecen realizar un espectáculo teatral a menudo sobreinterpretado, donde el sufrimiento que transmiten en pantalla se siente tan artificial como la telaraña de Spiderman.
Es válido expresar nuestras opiniones, pero a un documental que no es militante se le exige imparcialidad. 'Allen Vs. Farrow' encarna el extremo de la corrección política.