Lo técnico es irreprochable y el diseño, en muchos casos, resulta de un enorme atractivo. Ahora bien: el gran problema del film es que en gran parte es una serie de gags que no se relacionan entre sí.
Esta nueva entrega de la saga de superhéroes de Marvel ofrece interés. En primer lugar, presenta personajes que capturan la atención y generan deseo de seguir sus historias. En segundo lugar, incluye secuencias de acción que son visualmente impresionantes.
Sin tener la precisión emotiva del primer film, que además de hacernos reír nos enamoraba de sus criaturas, esta segunda parte apuesta todo al ritmo a veces desenfrenado y a la sorpresa gráfica.
El problema es que esos grandes momentos, ese gran film que pudo haber sido, navega a la deriva en el mar de la indecisión, del cine ordenado por inversores. Captura la imaginación solo espasmódicamente.
Lo mejor del film es que ese disparate lleno de chistes de segundo grado que amenaza con apoderarse de la pantalla en los primeros minutos cambia por una comedia de acción y aventuras, que no se burla ni de sus personajes ni de su mundo. Es una pequeña sorpresa.
No es tan buena como la primera, básicamente porque hemos visto ya la mayoría de los chistes. Pero tiene dos grandes comediantes: los señores Azaria y Harris, quienes le aportan ritmo a la película.
Hay un defecto en la película: a pesar de la grandiosidad de los escenarios, resulta difícil disfrutar de las escenas de acción debido al vértigo provocado por una cámara que prioriza, en primer lugar, el ángulo más complicado y, solo después, el más adecuado.
Un director, con gran pasión, explora un universo que resulta muy querido para aquellos espectadores que aún no lo conocen. Es una excelente película que atraerá a todo tipo de público.
Si bien hay elementos de gran belleza en la película y secuencias que evocan una emoción genuina, todo se siente forzado, como si las escenas no tuvieran la duración apropiada.
No todo funciona de modo perfecto; el espectáculo, en ocasiones, intenta imponerse, y algunas de esas secuencias físicas resultan redundantes. Sin embargo, hay virtudes.
Esta combinación de cuento infantil, repleta de estereotipos y con lo más cuestionable de Disney en acción real, presenta una grave falta de ligereza, incluso en sus intentos de ser humorísticos.
No carece tampoco de trivialidades y de una duración quizás excesiva para la anécdota que desarrolla. Pero, de todos modos, resulta un film digno de sus productores.
La simpatía del personaje, indisoluble a su dibujo, alcanza para que se trate de un entretenimiento cabal, que no apela solo a lo conocido sino que trata de establecer su propio rumbo. Para gritarle “olé”, con ganas.
El film ofrece una experiencia lúdica excepcional. Es un entretenimiento que, de manera paradójica, resulta mucho más interesante que el tema que aborda.