Si bien esta película se inscribe en una larga tradición de melodramas familiares, no deja de representar un soplo fresco ante la andanada de fantasías descontroladas que –parece– es lo único que nos llega de los Estados Unidos.
Shults va al hueso de la situación, no esconde nada, deja que los personajes vivan como son y le permite al espectador sacar sus propias conclusiones, sin subrayarle ningún camino emotivo.
Un film independiente americano con una cámara realista y diálogos ingeniosos que transmite un aire intelectual. Funciona porque los actores brillan en sus papeles, generando credibilidad. Schwartzman y Pryce logran un deleite conjunto cada vez que comparten la pantalla.
Aunque no es una película perfecta, tiene un peso y un encanto que superan al de la mayoría de las producciones que usualmente encontramos en las salas de cine.
Los prejuicios son solo la punta del iceberg y no son exclusivos de los blancos. Esta ambigüedad es lo que permite que, casi treinta años después de su realización, la obra continúe siendo notable y fresca.
'Drive' es de lo mejor que se ha estrenado en lo que va del año, una de esas películas que aparecen casi de la nada y guardan un secreto para compartir.
No hay películas como esta, que asuman riesgos y se atrevan a lanzarse sin restricciones. Además, tiene un humor excepcional y los personajes son muy carismáticos. Es un cine que se muestra tal cual es.
Todo está narrado de una forma que, de cierto modo, esquiva nuestra empatía, como si, incluso en los momentos de mayor suspenso, debiéramos aceptar todo como lo que realmente es: pura sátira.
Una trasposición de la pesadilla al cine como pocas veces se había logrado y se volvió a lograr. Los travellings sobre maquetas son puro viaje hacia el inconsciente.
Esta versión de la novela de Gastón Leroux presenta momentos de gran fuerza dramática, con un estilo puro de grand-guignol. Chaney aporta un gesto de horror que es perfectamente adecuado y no exagerado.