El final es uno de los momentos más emotivos y tristes de la historia del cine. Es una película que invita a agradecer, incluso desde una perspectiva atea.
[Contiene] un enorme gusto para el diseño y la capacidad de encarnar mil personajes de cada uno de los intérpretes. El final es una de las grandes bromas que ha dado el cine cómico en toda su existencia.
Lo que hizo Monty Python fue deconstruir el mundo y reconstruirlo de tal manera que todas sus taras se hacen evidentes. Es un verdadero acontecimiento poder disfrutar de su obra. Además, reír con ella es un regalo; el mundo no ha cambiado.
Sí, hay terror y sangre por todos lados, pero con una sensibilidad pop que hace que cualquier elemento inquietante se disuelva en el conflicto personal de sus criaturas.
El humor inglés, combinado con un enfoque paródico y la excelente química entre dos actores que forman un gran dúo cómico, hacen de esta película una experiencia muy divertida.
Con buenos momentos, pero muy por debajo de las grandes obras como 'No se metan con Zohan' o 'La mejor de mis bodas', permite apreciar de manera clara el estilo cómico de Sandler.
Opta por algo divertido e inteligente: continuar con la broma. Los actores son todos geniales y tienen el coraje de tomarse esta tontería explícita y bien hecha con la seriedad de los grandes comediantes.
En fin, el director Guy Ritchie, después de haber imprimido vértigo de videoclip a tramas tarantinescas en sus primeras películas, parece dedicado a tomar mitos ingleses (o no tanto) y convertirlos en masas de ruido y furia.
Es tan buena como la original lo fue para su tiempo y agrega la idea no demasiado original, pero tampoco demasiado transitada, de “terror para todo público”.
En esta obra, todo se presenta de manera más caprichosa y evidente, a veces rozando lo pedante. Se percibe a un director que actúa con una actitud de "hago lo que quiero porque puedo", lo cual pierde relevancia para el espectador.
La idea de un drama sobre una pareja, que en ocasiones se vuelve crudo, cómico o alucinante, es interesante. Se apoya principalmente en las actuaciones y parece más un ensayo teatral que ha encontrado su lugar en la televisión de plataformas.
Gervais, en ciertos momentos, utiliza la frase típica de un póster, pero la reflexión que presenta se convierte en un discurso impactante sobre el poder curativo de la comedia.
El elenco es de esos que siempre cumplen, que logran inyectar algo de poder de estrellas en personajes que se construyen para ser cotidianos. Lo logran. Ejemplo canónico de lo que es el cine argentino para gran público de hoy.
Uno va al cine para disfrutar de las actuaciones de McKellen y Mirren. Eso está bien, pero también se espera algo más: que estos grandes actores dejen espacio para que surjan criaturas de ficción en las que realmente podamos creer.