Uno va al cine para disfrutar de las actuaciones de McKellen y Mirren. Eso está bien, pero también se espera algo más: que estos grandes actores dejen espacio para que surjan criaturas de ficción en las que realmente podamos creer.
Aunque dispar, el tono de comedia negra de esta película es bienvenido y permite a Oscar Martínez mostrar que tiene las herramientas de todos los géneros que a uno se le puedan ocurrir.
Assayas, uno de los referentes del cine francés en las últimas décadas, emplea el relato como una metáfora o, como mínimo, como la base para plantear interrogantes que cualquier artista debe hacerse en estos tiempos tan inciertos: el ‘para qué’ de una obra.
El espectador es consciente de que se trata de un vaudeville, y reconoce que los intérpretes son carismáticos, capaces de dar relevancia incluso a lo que carece de ella. Sabe que disfrutará de la experiencia y que la olvidará con prontitud.
El infinito catálogo de alegrías y tristezas de los tres hermanos que van y vienen en el tiempo sigue adelante, manteniendo la destacada calidad actoral y la precisión en el guión que siempre ha caracterizado a la serie.
La serie presenta una serie de problemas e intrigas que reflejan el conflicto entre la vida personal y las responsabilidades. Además, incluye una dosis de sátira sobre ciertas tradiciones. Sin duda, es de lo mejor que ofrece la modalidad on demand.
Burman mantiene el talento para la observación y para la comedia en cada secuencia, y apuesta a una emoción más genuina y menos calculada que en algunas de sus películas más recientes.
El mayor acierto es dejar jugar a los actores y registrar lo que mejor saben hacer; el mayor defecto, buscar una moraleja en algunos casos demasiado subrayada. Este film es un verdadero catálogo del cine industrial argentino de hoy.
Fábula de un humor y una ternura notables, se trata de dejar un mundo para ingresar a otro con una última y genial travesura. Haga lo posible por verla.
El realizador es Jonathan Demme, especialista en retratar a mujeres, lo que enriquece esta fábula de redención con música de rock. Meryl Streep se divierte, y su disfrute siempre eleva la calidad de cualquier película.
Hay mucha variedad y el menú zapatesco es más bien de outlet. El realizador Thomas McCarthy cuenta los acontecimientos de manera confusa y desfasada. Como resultado, el personaje grotesco que Sandler normalmente crea se convierte en una caricatura excesivamente exagerada.
Nos quedamos con la impresión de que se nos cuenta algo de más, de que quizás la historia sería más bella siendo más breve. Original, sí; amable, también. Solo un poco decepcionante.