Un collage que hace referencia a las historietas de manera literal, entretiene al espectador con una variedad impresionante de juegos visuales y gráficos.
Un film narrado de manera que evoca las memorias, destacando por su solidez, lo cual impresiona considerando que es una opera prima. Es una obra de calidad que merece ser aplaudida.
Si bien este film sobre un padre y su hijo luchando contra adicciones tiene un componente aleccionador y presenta momentos de enseñanza, también va más allá de eso.
Con una sensibilidad notable y sin golpes bajos, este film narra la relación entre dos chicos muy diferentes que chocan, se complementan, se hacen amigos y surge, entre ellos, el amor y el deseo.
A pesar de que no todos los aspectos son efectivos, el humor es abundante y permite al espectador reírse de lo que simplemente refleja sus propias incomodidades.
El problema aquí no es ni la premisa ni las actuaciones, sino que el realizador no sabe si hacer un drama psicológico o una película de terror, y para esto último le falta ritmo. Una pena.
Otra más de la serie ‘qué lindo es ser adolescente, estar enamorado y morirse, llegado el caso’, salvo que quizás un poco más sensible. Ella es negra y él, blanco, porque a corrección política no nos gana nadie.
Sorprendente y única, esta película se asemeja a un collage de ideas y estilos. Se sitúa al margen de cualquier corriente cinematográfica convencional.
Lo interesante del film es cómo retrata a una generación marcada por la dependencia de la tecnología, y cómo logra crear un relato que mantiene la tensión a lo largo de toda su duración.
Dolan intenta demostrar su capacidad creativa, pero descuida el entorno de sus personajes. Como resultado, se vuelve reiterativo y evidencia que sus conceptos sobre el mundo son menos cautivadores que sus experimentos visuales.
Todo es rítmico, preciso y sin golpes bajos, una manera directa de construir una ficción con los retazos de lo real. Una película de gran potencia expresiva.
Sí, es una metáfora de los Estados Unidos, o no solamente, porque es más universal. Pero la cámara de Korinne, en medio del vértigo y la aventura, no juzga sino que muestra. Pruebe, que vale la pena.
Lo más interesante es que en medio de tanta risa y tanta torpeza, sobrevuela la incorrección política, que lleva todo a un final al mismo tiempo catártico, musical y lleno de Neil Diamond.