'Coda' aborda su narrativa de manera sencilla y clara, sin caer en sorpresas o complicaciones innecesarias. Su tono, que refleja una autenticidad similar a la vida real, es algo poco común en el cine contemporáneo.
Muy bien actuada, con golpes emotivos sin caer en lo sentimental, luminosa en más de un sentido. Esta película es de aquellas que nos dejan una reflexión profunda al salir de la sala.
Lo más interesante es cómo combina referencias contemporáneas con una estructura que evoca los cuentos de hadas, tanto por la paleta de colores como por la presencia de un narrador que conecta algunas situaciones.
Menos mal que Paul Thomas Anderson no se deja llevar por las tendencias actuales del cine y sigue su propio camino. Esta es, sin duda, su película más accesible y emotiva.
Los valores de producción y el aspecto general de la serie son adecuados, lo que ayuda a mantener el interés y la atención del espectador de manera entretenida.
La formulita de cada episodio resulta demasiado previsible más o menos al minuto tres del segundo episodio. En el fondo, lo que mantiene la atención es siempre la actuación y las efectivas secuencias de suspenso y acción.
No se trata de un film esclarecedor o didáctico, sino de seguir a personajes con un enorme cariño y una gran empatía hasta volverlos semejantes al espectador.
Opta por un clima más cercano al cine independiente americano, aunque utiliza la animación para el vértigo y el chiste absurdo, como corresponde. Mucho para el género.
Otra película con mala suerte. Tiene sus aristas trágicas y, aunque retrasada y re-hecha, se percibe un deseo de utilizar los mecanismos del cine como metáfora.
[Crítica 3ª temporada]: Ya no queda mucho más por descubrir ni variedades de lo erótico por analizar; quedan los personajes y el tono de comedia amable que sigue funcionando muy bien gracias a una escritura precisa.
Los jóvenes realizan interpretaciones creíbles, logrando que el espectador empatice con sus situaciones. Sin embargo, la trama resulta ser extremadamente convencional, siguiendo el patrón de "ámense sin sexo, el mundo es de los tiernos", una temática que ha proliferado en los últimos años.
Aparece el gran tema (quizás el único) del arte. Es decir, el llamado inasible de la vocación. Incluso cuando la película quiere, por momentos, ir a la denuncia, esa voluntad sin causa termina imponiéndose.
La necesidad de ser más o menos fiel al material de base lo obliga a Linklater a ceñirse a un esquema demasiado convencional. Lo mejor, como era de esperar, es la actuación de Blanchett.
Sin estridencias, con la distancia justa para combinar estos tres hilos, fuera de todo subrayado, 'Ciegos' va más allá de su anécdota para hablar, metafóricamente, del propio cine.