El realizador Ralph Fiennes logra evitar caer en el melodrama o el sentimentalismo. Sin embargo, este enfoque puede hacer que en ciertos momentos nos distancie emocionalmente de los personajes.
De que David Garrett es un buen violinista no queda ni la menor duda, pero la historia que descansa sobre sus hombros, se desdibuja en los primeros minutos sin hacer justicia al personaje.
Es un canto a la vida, es la develación amorosa de un misterio, es un relato que muestra que la vida es toda una rueda de la fortuna, que siempre hay una esperanza.
Spielberg hace todo un homenaje a Abraham Lincoln, pero no se apasiona ni lo idealiza, sino que lo contempla desde sus lados luminosos y también de los oscuros otorgando una recreación profundamente humana.
El cuidado en los detalles de la recreación de la preparación de los alimentos le confiere un atractivo adicional a la película. Sin embargo, a pesar de que 'Los sabores del palacio' es una producción entretenida que ofrece un buen rato, puede resultar un tanto olvidable.
Foster gestiona el suspenso y la emoción al estilo de las películas de adrenalina de Hollywood. Sin embargo, algunas secuencias parecen manipuladas y se nota un manejo algo forzado en los giros de la trama.
De alguna forma reinventa el género, le quita el desgaste, la repetición, el cliché, los estereotipos, aporta novedad y es impredecible, seguramente será una referencia inevitable para todo lo que venga después.
Irresistible. Es un buen ejercicio de cómo jugar con diferentes tiempos con un ritmo impecable. Los personajes están bien descritos y hacen que el espectador sienta identificación y simpatía por todos.
La primera parte resulta interesante, pero pronto se agota y el ritmo decae notablemente. Una película dirigida a un público muy determinado que puede entretener a los adultos a secas.
Dejará muy complacidos a los amantes del género que hasta la verán más veces para descubrir más detalles y pistas en un relato envolvente y muy bien resuelto.
Un intento bastante mediocre de crear una historia de acción bajo la excusa del terrorismo. Es simplemente una recopilación de clichés que hemos visto repetidamente en el cine, resultando en un entretenimiento adecuado para un sábado por la tarde.
Producción estadounidense completamente prescindible que probablemente se convierta en la peor película de Guy Ritchie. La narración es confusa y apresurada, careciendo de sustancia, lo que la lleva a perderse en el vacío.
La cumbre escarlata hace uso de efectos especiales que, sin duda, realzan una narrativa intrigante y enigmática, colmada de misterio. Es un excelente ejemplo de cómo el cine puede aprovechar su propio contenido.
Esta nueva versión de Cenicienta destaca por el talento de Kenneth Branagh en la dirección, aportando su característico estilo y buen gusto a un proyecto por encargo. Esto le confiere a la película una personalidad singular.