Sorrentino regresa con otra película que considero superior a 'La gran belleza'. Hay numerosas reflexiones sobre la juventud, la belleza, el amor, el sexo, la decadencia, la memoria, la fidelidad, el pasado, el futuro y el arte.
La película tiene peculiaridades que la hacen original y atractiva para verse. Sin duda es una película fuerte, directa, gráfica, 'Tangerine' es muy recomendable, pero no es una película fácil.
Una comedia bien contada que presenta personajes amables y optimistas. Este relato aborda la tragedia del migrante que deja México en busca de un futuro, pero lo hace con un enfoque fresco, entretenido y hasta divertido.
Si la historia no funciona, difícilmente será una película convincente. Si a eso añadimos un director poco achispado y muy convencional como Turteltaub, la cosa va para peor.
Trapero hace gala de un dominio impresionante de la técnica con varias secuencias de acción y el suspenso se sostiene hasta el final en imágenes que se quedan en la mente.
El argumento resulta bastante predecible y Stevens no se atreve a innovar como director. Esto demuestra que, incluso con actores de gran calibre, es difícil lograr un buen resultado sin una historia que tenga realmente sustancia.
Muy en la línea de películas de esa temática como 'Blade Runner', (...) Mamoru Oshii (...) conduce la historia a reflexiones en torno a la condición humana, la toma de las llevadas y traídas inteligencias artificiales tomando decisiones.
No hay como verlo en pantalla grande, porque uno de sus valores es que tiene una fotografía excepcional de Hugo van Lawick, quien en 1962 fue asignado por la National Geographic Society para registrar las imágenes del trabajo de Jane Goodall.
Diego Luna demuestra un notable sentido del ritmo y continúa evolucionando como director. Su habilidad para dirigir actores brilla en secuencias espontáneas y conmovedoras.
Como trabajo cinematográfico 'Blackfish' tiene muchas virtudes pero la principal es acertar en el tono emotivo del relato haciendo que el espectador se involucre y conmueva.
Clásicos hay muchos, pero pocos como esta película de Alfred Hitchcock. (...) Lo importante es la maestría con la que Hitchcock sabía generar y mantener el suspenso. Cómo engañaba al espectador, tomándose su tiempo para el desarrollo de secuencias.
Demasiado apoyada en los efectos especiales, tiene buenos momentos, pero está lejos de igualar la espectacularidad de la versión de 1959. Totalmente prescindible.