Aun partiendo de un material ajeno, Cronenberg es capaz de hacerlo suyo y de convertirlo a su mundo como ningún otro autor cinematográfico logra hacerlo en la actualidad.
Bellocchio, a la manera de un cine italiano que se creía perdido, articula magistralmente un discurso en el que se van enhebrando distintos niveles de análisis: psicológico, político y social.
El director francés vuelve a abordar el tema de la ausencia, esta vez a través de la reimaginación de una película olvidada de Ernst Lubitsch. Su estética evocadora recuerda a los emotivos melodramas de otro destacado cineasta alemán, Rainer Werner Fassbinder.
Hay una colisión evidente en el film de Dumont entre la cualidad ominosa y tragicómica de los habitantes originarios del lugar y el lustroso elenco encabezado por Luchini, Bruni-Tedeschi y Binoche, como si Dumont hubiera intentado mezclar el agua y el aceite, pero nunca lo hubiera logrado.
Sin necesidad de embarcarse en explicaciones nítidas, el realizador de 'Caché' va tejiendo un tapiz inquietante a través de los hechos que se suceden en una pequeña comunidad asfixiada por el misterio y un férreo espíritu de religiosidad.
Es uno de los films más abiertamente políticos de su obra. Scorsese se adentra en la temática de los cimientos de sangre sobre los cuales se edificó la riqueza de su país.
La nueva película del director de Manhattan no pretende ser otra cosa que un simpático, ligero, divertimento, en el que Hemingway, Picasso y otras vacas sagradas de la cultura parisina de los años ’20 son mostrados de manera amablemente caricaturesca.
Propone una historia de insidias, traiciones y erotismo softcore que quizás funcione en el mercado asiático, pero que si por algo llama la atención es por su ramplonería.
Bertolucci se propuso, y lo consiguió, sorprender en todos y cada uno de los planos de su película, a cual más deslumbrante, sin por ello sacrificar el hilo narrativo y las implicancias políticas y psicológicas de su protagonista.
Nadie como Petzold sabe trabajar con los géneros clásicos de Hollywood y reformularlos para reflexionar sobre la historia de su país y la identidad constitutiva de su sociedad.
En sus comedias con actores, Anderson descansa cada vez más en la repetida concepción simétrica de sus planos y en el artificio por el artificio mismo. Y sufren las historias, siempre lúdicas y chispeantes, pero cada vez más fragmentarias y banales.
El director de "Maidan" logra crear una poderosa obra cinematográfica que revela el culto a la personalidad de Stalin, utilizando únicamente los registros visuales y sonoros de la época.
Ofrece un elenco lleno de descubrimientos y sorpresas, una excelente y detallada fotografía de Roger Deakins y, a diferencia de lo habitual en los directores de Fargo, un aprecio genuino por ese mundo irremediablemente perdido en el pasado.
La particular sensibilidad del director de 'Lejos del paraíso' hacia el melodrama alcanza su cumbre con esta extraordinaria adaptación de una de las primeras novelas de Patricia Highsmith.