Ofrece un elenco lleno de descubrimientos y sorpresas, una excelente y detallada fotografía de Roger Deakins y, a diferencia de lo habitual en los directores de Fargo, un aprecio genuino por ese mundo irremediablemente perdido en el pasado.
La particular sensibilidad del director de 'Lejos del paraíso' hacia el melodrama alcanza su cumbre con esta extraordinaria adaptación de una de las primeras novelas de Patricia Highsmith.
Todo en el film parece estar en su lugar: la fotografía melosa, la música igualmente cursi y los diálogos cargados de frases hechas que facilitan el trabajo al espectador. En 'Brooklyn', cada elemento se siente como una colección de lugares comunes y tramas predecibles.
Hay algo perverso en la manera en la que el film dirigido por el desconocido Sacha Gervasi se ensaña con su protagonista, pintándolo no como el genio que fue, sino más bien como a un niño caprichoso envuelto en ropas de hombre.
La película, dirigida con solvencia televisiva, retrata las diferencias artísticas que surgieron entre Marilyn Monroe y Laurence Olivier cuando filmaron 'El príncipe y la corista'.
Aún reconociendo los problemas, algunos bastante evidentes, de una película que no se encuentra entre las mejores de su autor, sería injusto no valorar aquello que le otorga un lugar excéntrico, casi fuera de órbita, en la producción insípida del Hollywood contemporáneo.
'Da 5 Bloods' se presenta con una fuerza inusual en el cine estadounidense, abordando el debate político que actualmente sacude al país. Spike Lee sigue haciendo lo que es correcto, aunque a lo largo del camino se desvíe en varias ocasiones.
Como suele ser habitual en las películas de Tarantino, la narrativa es no lineal y se desplaza hábilmente a través del tiempo y el espacio. Hay una abundante representación de la cultura local y, como era de esperar, una gran cantidad de objetos de recuerdo.
Una película que aborda temas recurrentes en la obra del director, como la ley del deseo, la influencia de la figura materna y la ambigüedad de la ficción cinematográfica, pero lo hace de una manera más refinada que en otras ocasiones.
La película gana en concentración, al igual que Renée Zellweger, quien se convierte en el eje central de la historia. En cada escena, Zellweger logra encontrar el tono adecuado.
Quizás ese tono desaforado que McKay utiliza en tono de broma habría sido más adecuado y subversivo para su tema, aunque probablemente no le habría proporcionado tantas candidaturas al Oscar.
Es de una gran firmeza: Bellocchio maneja con su maestría habitual elipsis y transiciones temporales, que le permiten ir del pasado al presente, ida y vuelta, incluidas paradas intermedias, con una fluidez cuyo secreto sólo parecen conocer los cineastas de su generación.
Como en 'Barton Fink' o en el atribulado profesor judío de 'Un hombre serio', el protagonista del nuevo film de los Coen es un personaje kafkiano, un hombre solitario que se enfrenta a una serie de situaciones tan angustiosas como absurdas.
En el nuevo film de la directora de 'Rosa Luxemburgo', los vicios del cine académico, ese que siente la necesidad de explicarlo todo, luchan con una dificultad esencial, que paradójicamente le aporta sus mejores momentos.
La fluidez, transparencia y economía de su puesta en escena, que no necesita de la parafernalia de efectos especiales a los que se ha abandonado el cine de terror actual para sostener el suspenso y la tensión narrativa.
Film raro, desconcertante, atípico, que se cierra de la misma manera oscura con que se abre, 'Un hombre serio' viene a demostrar, (...) hasta qué punto el cine de los Coen todavía tiene caras ocultas para descubrir.
Bellocchio confirma que continúa creando cine. Esta película, con una duración de seis horas, revela la complejidad de su temática y la multiplicidad de personajes que exige un desarrollo épico.