El director debutante J. C. Chandor, además autor del guión, tiene la eficiencia del sólido artesano formado en la televisión, pero también todas sus limitaciones. Se diría que la pulcritud formal de la película es equivalente a su ambigüedad conceptual.
No pretende dar lecciones ni convertir a su protagonista en un modelo a seguir. Simplemente busca narrar, de manera clásica y noble, las disyuntivas vitales de un personaje, sin que la película lo señale de forma explícita.
Contundente policial tex-noir. La puesta en escena de Mackenzie trabaja de manera sobria y elocuente, no solo en la simetría de ese fatum entre asaltantes y policías, sino también en la construcción del espacio.
En las antípodas del reportaje para la televisión y con una estética similar a los films de Peter Mettler, esta obra está filmada intencionadamente en 16mm. Esto otorga a la imagen una textura que evoca una sensación de atemporalidad.
Se trata de una experiencia fuera de norma, en la que la directora de Los rubios pone nuevamente en crisis las fronteras entre documental y ficción para dar cuenta de un personaje tan extraordinario e inasible como la película misma.
Un raro objeto poético, un film que comienza en las fronteras del documental, pero que lleva preñado en su centro el espíritu de la ficción, inspirada por el áspero cancionero romántico de la región.
Luce como un documental sobre la histeria neoyorquina actual, algo que ni siquiera Woody Allen podría lograr. Es un documento intergeneracional, donde cada grupo etario se refleja en el espejo de sus propias crisis.
El danés Winding Refn ha estado destacándose en el ámbito del 'neo-noir', pero 'Drive' es sin duda su obra maestra, donde ha logrado purificar su estilo hasta llegar a una forma de verdad abstracta.
Con una puesta en escena de un rigor y una precisión abrumadores, la directora de 'Punto límite' propone el relato de la terrible cotidianidad de la guerra urbana en Bagdad, pero adscribe al punto de vista del ejército de ocupación.
El meticuloso trabajo de animación de Chomet, heredero en su dibujo artesanal de la llamada “línea blanca” de la historieta franco-belga, le calza como un guante al guión de Tati, de un lirismo tan sensible como elegíaco.
La apática realización de Allen, que parece la desganada ilustración de un guión reciclado de alguno de sus viejos cuentos, termina confundiéndose con el desvaído espíritu de su protagonista.