Salvador Calvo logra transformar el disfrute de experiencias únicas en un thriller cautivador, arriesgado e irregular que se mueve entre la aventura, el drama y la pesadilla.
Melodrama perfecto alpino. Navega por dos existencias fracturadas, atrapadas en una contradicción esencial, y lo hace con un sentido de la emoción, la tristeza, la belleza y un rigor que va más allá de lo notable.
Sin alardes pero también sin errores, la película logra crear un territorio delicado, doloroso y preciso. Sin embargo, peca de su propia importancia y de una excesiva corrección.
Hopkins se exhibe monumental en un papel pensado para la exhibición. La inteligencia del debutante Zeller consiste en plantear la película como un thriller.
Toda la cinta se limita a hilvanar lugares comunes, clichés y gestos de actor excelente. Ya desde el principio, el dibujo de la pareja protagonista parece una parodia.
¿Es acaso posible equivocarse con un argumento tan crudo y brutal? Pues sí. Egoyan no logra superar los límites de un telefilme deficiente y produce un caótico ejercicio que se acerca a la comedia involuntaria.
Hablamos de la lucha de una mujer contra algo más grande que su propia vida: el amor a su nieto. Una cinta con el desgarro de un poema de Vallejo. Brillante y doloroso.
La película se presenta como una poderosa herramienta para movilizar a la audiencia. Sin embargo, su exceso de didactismo se convierte en un obstáculo. Abandona rápidamente la exploración del drama personal para enfocarse en la figura pública.
Una obra maestra. Una descarga de cine mayúsculo firmado por Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez que explora la belleza y el significado de lo cotidiano, resaltando la importancia de lo compartido.
Sean Penn se convierte en una parodia de sí mismo en esta película, que encuentra en la exageración su forma natural de estar en el mundo. Una auténtica sobreabundancia.
La película más triste y hermosa de los Dardenne. Las interpretaciones de los actores no profesionales son impecables, emotivas, tiernas y arrebatadoras. Es una obra conmovedora que llega hasta el corazón.
La demente obstinación de una obra maestra. Asuntos como la soledad y la necesidad de huir son tratados con una precisión que asusta, y con una gracia tan cerca de la desgracia que produce verdadero pánico.
La propuesta de Martone carece de sutilezas. El problema fundamental es la seriedad forzada de cada plano y la búsqueda de una importancia que no logra alcanzar. Se trata de una película tan obsesionada con su propio valor que termina siendo solo triste.