Deliciosa comedia con todo el sabor del mejor cine de Bogdanovich. La pequeña Tatum debuta y se gana un lugar de privilegio en el más cuidado de los rincones.
Fosse consigue una obra de recuerdo obligado merced a unos números musicales capaces de engatusar con una media sonrisa muy cerca del rictus de muerte.
McLagen deja el western y se empeña en un adusto melodrama de ex convictos y callejones sin salida (cosas de los años treinta). Lo mejor: un Stewart entregado al noble arte de arrasar. Entretenida.
Obra maestra. Pocas películas describen de forma tan precisa la culpa de un país (Italia) y un continente (Europa) incapaz de reponerse a cada una de sus miserias, sus complicidades, sus fascismos.
Éxtasis y fascinación de una obra maestra que hace ¡boom!. Nolan toca el cielo con un magnético y subyugante ejercicio de cine tan espectacular como íntimo y reflexivo.
Miyazaki se despide con un milagro al margen del tiempo, ofreciendo un vademécum anárquico que refleja el dolor y la felicidad de su cine. Es una película desmesuradamente bella; tan hermosa que llega a hacer daño.
Bella, dolorosa y divertida reflexión sobre el arte como instrumento de supervivencia, sobre la creación como responsabilidad ante la vida, sobre la representación de lo irrepresentable.
La historia resulta ser extraordinaria y cargada de significado, pero el rigor ortodoxo y casi rígido de la puesta en escena termina siendo perjudicial. Se presenta un melodrama 'de concentración' que, aunque correcto, se siente insípido y rutinario.
Un calculado, brillante y melancólico 'thriller' de espías el director hilvana con precisión, gusto y mucha melancolía un relato tan clásico en las formas como doloroso en su fondo más hondo.
Alterna momentos delirantes con una narración que se siente cuidadosamente estructurada, explorando terrenos tan originales como emotivos. Oscila entre un control casi exasperante y un aprecio por el absurdo en su forma más cruda.
Malick apabulla y decepciona a la vez, aunque es indudablemente superior a sus trabajos anteriores, que resultan muy confusos. Esta obra busca ser monumental desde el primer instante, pero peca de excesiva pomposidad.
Aquí las reglas consisten en eliminar lo que en la narración común se entiende por relato. Las reglas consisten en borrar las reglas. El resultado es un cine sonámbulo edificado sobre el misterio, sobre todo lo que oculta.
Es un melodrama tan exquisito y pulcro que se podría considerar liofilizado: no incomoda, no hiere ni deja marca. Eso sí, nadie luce la ropa descatalogada como lo hace Keira.
Ni el rigor de una puesta en escena clásica ni el didactismo a machamartillo logran transmitir la gravedad y dimensión de este tríptico inmenso, que resulta angustiosamente descomunal pero, al final, fallido.
Newell dirige la que posiblemente sea su obra más representativa del estilo británico, logrando adaptar el bestseller de Barrows y Shaffer con gracia y soltura, aunque de la manera más predecible.
Pese a los esfuerzos de la actriz [Thierry] por matizar cada uno de sus padecimientos, la película se niega a ninguna otra gradación que no sea su propia gravedad. Dolor por dolor. La pomposidad [...]
Una película concebida para impactar visualmente. Cada escena es una explosión que contrasta con el supuesto espíritu pacificador del protagonista, resultando así sumamente reveladora. Logra un complicado equilibrio entre la provocación y el delirio.