El Woody de antes vuelve con una inspiración que se convierte en genialidad. Nos presenta una brillante y, por supuesto, delirante sucesión de, admitámoslo, sus mejores chistes.
Historia real de un furioso asesino. El desarrollo resulta plano, la puesta en escena estereotipada, pero... aparece Woods y el estómago se sube a la garganta.
Un excelente guión impulsa las espirales de una comedia cada vez más oscura y mordaz. Es un enfoque simpático y audaz que lleva a un duelo interpretativo de gran nivel. Sin lugar a dudas, se convierte en una grata sorpresa.
La idea es contar la adolescencia de aquellos que con el tiempo serán los reyes de los bajos fondos. La cúpula en pleno de la mafia exhibe pantalones cortos y modales nerviosos. Entretenida
Un cuento turbio de deseos y libertades. Todo ocurre en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, de la mano de una cuidada adaptación de época y un no menos brillante trabajo interpretativo.
Larga, pelín aburrida y con unas pretensiones que no caben por puerta alguna. La edad del jazz, la opulencia art-decó y otros temas tan litetarios se queda vacía de sustancia.
La más brillante y agónica genialidad de David Fincher. El director retoma un antiguo guión de su padre para ofrecer un magnífico homenaje al proceso de creación, que también sirve como crítica al funcionamiento del poder en la actualidad.
Película pesada, grave, tan consciente de su importancia que sencillamente no hay pantalla que pueda con ella. Apenas aparece el primer fotograma, se viene abajo.
Magistral relato de la madurez trágica del genio de Calanda. Simó lo presenta de forma emocionante, precisa y conmovedora. El resultado es tanto revelador y lúcido como profundamente inspirado en su deseo de ruptura.
Tan brillante como sucia, tan delicadamente exhibicionista como culpablemente 'voyeur'. (...) siempre con la cámara detenida en la pasión como el único combustible de la mirada.
La perfección de 'The Grand Budapest Hotel' ofrece una inmersión tanto divertida como intensa en las profundidades de la melancolía. Es una manera de hacer cine que resulta sencillamente única, contradictoria e irresistible.
Es un trabajo preciso que destaca por su corrección. Sin embargo, el uso excesivo de circunloquios, demoras y repeticiones disminuye la fuerza de una película que aspira a ser profunda.
La película, como los últimos trabajos de Loach, admite pocos matices. La puesta en escena se reduce al punto del absoluto pragmatismo y la esquematización de los personajes alcanza por momentos la caricatura.
Hillcoat rinde homenaje al cine de gangsters en 'Sin ley', de manera tan precisa como fríamente desapasionada, lo que resulta en un extraño terreno intermedio que ni entusiasma ni molesta.