Un biopic tan ajustado a la norma como vocacionalmente enfermo. Crece cuando muestra la infección y languidece en la ritual procesión de gestos comunes que exige el género.
Es cine sobre la necesidad de lo otro, de lo extraño, de todo aquello que, desde la sombra, construye y desarma la propia realidad. La cinta navega, de forma literal, sobre la retina del espectador como un animal alucinado.
Al final, sólo los excelentes trabajos de Jason Clarke y Bruce Dern logran dar la profundidad debida a una película tan bien planteada como estéril en su ejecución.
Una película detenida en su propia perplejidad sin acertar a profundizar más allá que en la piel de lo evidente. Todo es tan correcto que acaba muy cerca de la desesperación.
Se limita a seguir el paso de la trama desatendiendo todo lo demás y presenta alarmantes muestras de raquitismo. Además, la escena con Roth resulta poco convincente.
Hardy se las arregla para dotar de vida a cada personalidad sin caer en lo esquemático. Los problemas vienen por otro lado. Brian Helgeland apenas alcanza a dotar de rigor narrativo a una historia detenida en un conflicto que no avanza.
Un 'biopic' poco convencional que se siente desenfocado y muestra un estilo sumamente minimalista. Eddie Redmayne es realmente impresionante, no se limita a imitar, sino que experimenta una metamorfosis notable.
Pocas películas son tan justas como 'Love & Mercy', tan desesperadas como cabal. Es una propuesta brillante e intensa que se esfuerza por alejarse del biopic convencional.
La historia presentada de manera visceral. Una película indiscutible, sin lugar a dudas magnífica. Puede resultar algo impersonal al esforzarse por mantener cierta distancia con las convenciones del género.
La cinta destaca especialmente en su retrato de un modisto anciano, atrapado en su triste y preocupante colección de camafeos. Sin embargo, a lo largo de su recorrido, la propuesta de Bonello pierde fuerza.
Brillante interpretación de Álex Brendemühl en la piel del nazi [Mengele]. Propone mostrar la más inmensa de las monstruosidades a través de la más cercana de las inquietudes. Brillante y siniestra.
Una mala película. La única crítica que se puede hacer es acerca de la confusión que provoca. En la pantalla, la situación es aún más grave: a la confusión se le suma una carga excesiva de pretensiones.
Un recital de lugares comunes. Firth, algo más que genial, se encarga de soportar en sus carnes todo el trabajo. Donde debería imponerse la intensidad, reina la afectación; donde la poesía, el ripio.