Una obra maestra. Es el propio cine el que se invoca en su totalidad, en su plenitud, en su rareza y desesperación. Una película descomunal que deja sin aliento ante la posibilidad de algo más.
La actuación de Antonio Banderas es magistral y eleva la película a un nivel de perfección casi inalcanzable. Transmite una depuración y claridad que roza lo sublime. Es, sin duda, un cine perfecto.
Infinitamente mejor que 'Bohemian Rhapsody'. Se presenta como un musical auténtico, menos condescendiente de lo que se podría esperar sobre la figura de Elton John. Es un verdadero festín tanto para los fans como para quienes se acercan por primera vez a su música.
'Judy' retrata los últimos días de la diva y ofrece una radiografía atinada del mundo del espectáculo. Lo que se presenta en la pantalla se asemeja a un manifiesto feminista en la era post #MeToo.
Una Kristen Stewart inspirada, certera y muy metida tanto en el papel como en sí misma. El problema es el camino errático de un relato que se agota rápidamente en la cara de desesperación de la víctima. (...) Emotiva y nada más.
Una obra que aspira a ser deleznable, pero ahí radica su giro, su provocación y su desconcierto. Es como si fuese la cara B de 'The Disaster Artist', una creación maestra cuya única norma es su propia incompetencia. Brillante en su repulsividad.
El director aborda la historia y la comedia de manera superficial, ignorando su propio legado. Todo resulta predecible y fácil de anticipar. Sin embargo, lo importante es que, a pesar de ello, cumple su función.
Los directores bucean en la parte no contada y menos televisiva del narcotráfico. Entre el sueño, la fábula y la más cruda de las realidades, el resultado es una película admirable y, de nuevo, muy dolorosa.
La delirante y genial obesidad de nuestra estupidez; la idea no es sólo contar la vida de Cheney, sino narrar la nuestra a través de cada una de sus mentiras y ambiciones.
Por momentos, la pantalla se convierte en un espectáculo tenso. Sin embargo, una vez que se ha cumplido el arriesgado planteamiento, la película se encierra en una monótona repetición de gestos protocolarios y miradas al infinito.
Un biopic tan ajustado a la norma como vocacionalmente enfermo. Crece cuando muestra la infección y languidece en la ritual procesión de gestos comunes que exige el género.
Es cine sobre la necesidad de lo otro, de lo extraño, de todo aquello que, desde la sombra, construye y desarma la propia realidad. La cinta navega, de forma literal, sobre la retina del espectador como un animal alucinado.
Al final, sólo los excelentes trabajos de Jason Clarke y Bruce Dern logran dar la profundidad debida a una película tan bien planteada como estéril en su ejecución.
Una película detenida en su propia perplejidad sin acertar a profundizar más allá que en la piel de lo evidente. Todo es tan correcto que acaba muy cerca de la desesperación.
Se limita a seguir el paso de la trama desatendiendo todo lo demás y presenta alarmantes muestras de raquitismo. Además, la escena con Roth resulta poco convincente.