Pese a los aciertos formales de un clima angustiante y visualmente atractivo, la película se ve afectada por una trama que al borde del colapso resulta insostenible.
Demme se sirve de unas interpretaciones sorprendentes para elaborar un thriller de terror frío, barroco y brutal. Con estudiada precisión, el director cuadra un turbador e irónico viaje a Ios peores instintos.
A un lado la limitada capacidad predictiva del filme, el resto queda en manos de una secuela de 'Curso 1984' con jóvenes salvajes, futuros imposibles y propuestas descerebradas.
Un psicópata y, de su mano, el pánico. Entre la intriga, el drama romántico y, ya puestos, la comedia, una cinta adornada con la virtud de la peculiaridad.
Narración fría, cerca del documental, terriblemente efectiva. En el recuerdo, la fractura de las pantallas en pequeñas ventanas y la anómala y brutal interpretación de Curtis.
Docudrama, definitivamente especial. La propuesta busca disimular la ficción, permitiendo que la realidad resuene y que las particularidades no se presenten como la excepción, sino como el estándar para entender nuestro entorno.
Drama que no renuncia a nada, ni a la comedia ligeramente absurda ni al thriller desnortado, hasta componer un cuento vorazmente honesto sobre, otra vez, la esperanza.
Un drama tan exagerado que intenta dar la vuelta a su premisa. Carece de la sutileza necesaria para mantenerse alejado del melodrama y, lo más preocupante, el director sucumbe repetidamente a la tentación de lo cursi.
'El astronauta' desactiva una a una todas sus innumerables ideas interesantes en un producto domesticado. Aunque todo está correcto y bien ejecutado, carece de enfoque y dispersa su narrativa, mostrando una falta de ánimo por explorar la profundidad o la tensión necesarias, lo que resulta desalentador.
La última entrega de la casa Marvel presenta un conjunto de buenas intenciones que quedan sin completar, afectadas por un guion torpe y efectos especiales de baja calidad. Sin duda, resulta un fiasco.
Una de las más arriesgadas apuestas de la siempre innovadora casa Pixar nunca llega a cumplir con lo que promete, posiblemente debido al miedo de ir demasiado lejos y de explorar más allá de sus propios límites.
'Interstellar' se muestra en ocasiones como una obra ostentosa y en otras, algo ingenua. A pesar de sus altibajos, la grandeza del espectáculo prevalece, asombrando con la misma intensidad con la que te envuelve en su historia.
Si en la película original el director conseguía el máximo con los mínimos elementos, ahora se trata de apabullar al espectador con una imaginería visual deslumbrante que, lamentablemente, resulta inanimada y carente de tensión.
El capitán Kirk (Shatner) se jubila. Picard (Stewart) se lo agradece y se hace con los mandos del Enterprise. Perdido el efecto de las minifaldas galácticas, quedan los maxiefectos especiales.
Una reflexión sobre todos los naufragios de nuestro tiempo, cine que se alimenta de una puesta en escena teatral y que indaga con gran soltura en los mecanismos primarios y puros del propio cine.
Ni Gary Oldman ni Emily Mortimer logran que esta extraña y apresurada película, llena de lugares comunes, se sostenga en ningún momento. La trama gira en torno a barcos, fantasmas y un solo naufragio: el de su director.