Es un claro heredero de las screwball de antaño, esas comedias clásicas alocadas y deliberadamente absurdas que fueron protagonizadas por figuras como Cary Grant y Katherine Hepburn. Eso sí, en esta ocasión con un enfoque más exagerado.
Antes fue serie de televisión con Garner. Ahora, un reparto estelar que se deshace en simpatías. Como una tarde comiendo pipas: no alimenta, pero entretiene.
Una comedia negra con esencia de thriller, que se presenta como una obra maestra tanto clásica como contemporánea. Es divertida y, al mismo tiempo, profundamente perturbadora. Una película que deleita, asusta y deja una huella duradera.
Tan espectacular como desenfocada. El problema no es la idea, sino las pocas propuestas que, contra todo pronóstico, aporta el director en la puesta en escena. Sin embargo, el duelo resulta sencillamente irresistible.
Una lúcida obra de urgencia sobre los accidentes de las redes sociales. La película brilla por la agilidad, certeza y transparencia con que se enfrenta al mundo que pisamos.
La primera parte resulta tan equilibrada como concordante con las expectativas del espectador. Sin embargo, los problemas surgen al final, donde la película pierde su ritmo, se acelera y opta por un desenlace que busca la verosimilitud.
El thriller se convierte así en un corte limpio, en simple y pura paranoia tan obstinada como magnética. Lástima de ese vicio por la autopropaganda cerca de la desvergüenza del final.
La cinta se presenta como una lección rigurosa sobre la historia, enfocándose en lo que sucede tras las paredes de esa peculiar institución conformada por edificios de cristal y mesas de caoba que representa a Europa. Es una película tan reveladora como melancólica.
Una cinta que, a su modo, replica en la estructura el mismo proceder laberíntico del objeto explicado. El resultado es una simpática provocación que ilumina tanto como desespera.
En un tono que oscila entre la comedia seria y la tragedia más absurda, la película avanza con la intención de explorar no solo la vida de un personaje, sino la creación de un mito.
La idea es seguir con trazo limpio, casi pueril y siempre medido la más fracturada y horrísona de las tragedias. El resultado, por contradictorio, impresiona, conmueve y se mantiene siempre atento a los límites del pudor.
Todo transcurre en un ambiente entre autista y extraño. La metáfora opera de manera tan precisa como brillante, resultando incluso perturbadora. El inconveniente radica en que, debido a su asepsia y lejanía, 'Angelo' termina por irritar los nervios.
Nolan logra con 'Dunkerque' su película más accesible y completa, presentando un impactante y cautivador análisis de la angustia que provoca la guerra y el vacío que deja tras de sí. Es, sin lugar a dudas, una obra maestra de nuestra era.
Sorkin se envenena de sí mismo. La entrada en la película, en caída libre, resulta sencillamente magnética. Es en el deseo de contar todo donde este gigante de dos horas y media empieza a desmoronarse.