La estrategia consiste en mostrar lo que se oculta. Es una profunda y auténtica radiografía del impacto que deja la vida luego de esos breves 15 minutos de fama. Una reflexión sobre una gloria efímera.
El problema, pese al cuidado con el que se trata cada detalle, es la imprecisión. 'Mary Shelley' intenta abarcarlo todo y, al hacerlo, se aproxima peligrosamente a la afectación.
Gonzalo Boye se destaca en la pelea y el enfrentamiento. Sin embargo, la película no brinda al espectador la oportunidad de experimentar esa confrontación. Al final, se presenta un retrato que resulta tan pulcro e interesante como finalmente fallido.
La película no logra mantenerse firme en ningún momento. Intenta ser un biopic convencional, pero termina siendo un ejercicio torpe y desestructurado, además de muy predecible. Es una verdadera pena.
Como ya hizo en el extraordinario 'Senna', Kapadia no busca realizar una hagiografía ni generar tumulto. La narrativa se sitúa entre una profunda declaración de amor y un meticuloso trabajo documental. Por estas dos razones, resulta impresionante.
La película intenta distanciarse de los clichés típicos del 'biopic', aunque lo logra con dificultad. Sin embargo, ofrece un sorprendente trabajo de un gran actor.
Del Toro es el mejor 'robaplanos' que ha dado el cine reciente. La historia fluye con naturalidad, y Di Stefano logra evitar caer en tópicos innecesarios, tocando solo los imprescindibles. Es una obra solvente, sin duda.
Quiere ser a la vez un documento histórico, un monolito y un retrato irrefutable, pero lo logra con tanto cuidado y claridad expositiva que se siente carente de aliento.
La película nunca logra definirse, dejando al espectador con una sensación de desconcierto. Es un entretenimiento vago que se siente torpe en su desarrollo.
Spielberg XXL. ¿Intuían una gota de ñoñería 'post-disney' en 'Lincoln'? Pues de eso nada. La película funciona como un reloj desde el guión hasta el último secundario.
Lo más negativo de esta obra no radica en su pretenciosidad, en la falta de ritmo, en su escaso rigor, en la cursilería o en su extensión. No, lo peor siempre es, como suele suceder, lo que realmente se destaca.