El problema radica en convertir cada plano en metáfora de nuestros días. Este recurso se repite con una insistencia tan agobiante que termina desactivando las legítimas aspiraciones de una película que, aunque salvaje por fuera, está perfectamente domesticada por dentro.
Pausada, casi en silencio, el director propone una minuciosa exploración de este tiempo que vivimos, marcado por la ausencia y la falta de sentido. ¿Resulta absurdo? Sin duda lo es. Sin embargo, es inmejorable y cuidadosamente absurdo. De otra manera, se vuelve esencial.
El prodigio de pedernal de Lynch sigue intacto. Perfecto en cada una de sus aristas. Indestructible. Aún obliga en cada visionado a una interpretación: siempre nueva y siempre diferente.
Una película narrada con una voz en off que funciona como un surtidor de imágenes. Importa el ritmo de cada relato, importa la sensación de estar dentro de una aventura de la que depende hasta la misma vida del espectador. Es cine del trepidante que discurre por la retina como un secreto recién contado.
La última maravilla de Pixar. Nunca antes la animación se había atrevido a tanto gracias a una película que es, como se ha comentado, una pieza de jazz profunda, delicada y perfectamente ejecutada.
Pocas películas logran representar de manera tan precisa el deseo profundo y visceral de seguir vivo. La obra, al igual que la mayor parte de la filmografía del director, captura magníficamente el espíritu de su época.
Es, más allá de la alborozada y hasta exagerada sensación del año, un bello, turbio y, sin duda, aceitoso ejercicio de cine. El prodigioso artefacto se limita a depositar en la mirada del espectador sólo una gota de miedo.
Una película perfecta como un palíndromo. La piel de la pantalla se eriza en un escalofrío tan delicado, tan cálido, tan sorprendente que todo se quiere diferente.
Entre el 'thriller' emocional y la ciencia-ficción poética, se queda en espiritualismo de garrafón, con una puesta en escena tan amanerada que se vuelve definitivamente agotadora.
Josh y Benny Safdie cautivaron en 2014 con 'Heaven Knows What', un reflejo desgarrador de la vida de una heroinómana, un entrelazado de ficción y realidad que resulta profundamente impactante. La película resulta visceral, te envuelve y no deja a nadie indiferente.
La película avanza con tanta solidez como, admitámoslo, rutina. A favor, la intensidad fuera de duda de los actores y el guión de hierro; en contra, el efectismo.