Como ya hizo en el extraordinario 'Senna', Kapadia no busca realizar una hagiografía ni generar tumulto. La narrativa se sitúa entre una profunda declaración de amor y un meticuloso trabajo documental. Por estas dos razones, resulta impresionante.
La película intenta distanciarse de los clichés típicos del 'biopic', aunque lo logra con dificultad. Sin embargo, ofrece un sorprendente trabajo de un gran actor.
Del Toro es el mejor 'robaplanos' que ha dado el cine reciente. La historia fluye con naturalidad, y Di Stefano logra evitar caer en tópicos innecesarios, tocando solo los imprescindibles. Es una obra solvente, sin duda.
Quiere ser a la vez un documento histórico, un monolito y un retrato irrefutable, pero lo logra con tanto cuidado y claridad expositiva que se siente carente de aliento.
La película nunca logra definirse, dejando al espectador con una sensación de desconcierto. Es un entretenimiento vago que se siente torpe en su desarrollo.
Spielberg XXL. ¿Intuían una gota de ñoñería 'post-disney' en 'Lincoln'? Pues de eso nada. La película funciona como un reloj desde el guión hasta el último secundario.
Lo más negativo de esta obra no radica en su pretenciosidad, en la falta de ritmo, en su escaso rigor, en la cursilería o en su extensión. No, lo peor siempre es, como suele suceder, lo que realmente se destaca.
Un magnético, carnal y nada místico paseo por un planeta habitado por una extraña sensibilidad. El problema es que la película oculta demasiado en medio de la nada. El uso de frases enigmáticas y adivinanzas melancólicas confunde más que intriga, dejando al espectador perdido en lugar de sugerir algo.
López pinta, dibuja y se enfrenta a la forma de un árbol. Erice, por su parte, se coloca detrás y observa. Esta obra es tanto sincera como sencilla, situando al cine en terrenos arriesgados que solo han sido explorados por algunos maestros.