Gonzalo Boye se destaca en la pelea y el enfrentamiento. Sin embargo, la película no brinda al espectador la oportunidad de experimentar esa confrontación. Al final, se presenta un retrato que resulta tan pulcro e interesante como finalmente fallido.
Del Toro es el mejor 'robaplanos' que ha dado el cine reciente. La historia fluye con naturalidad, y Di Stefano logra evitar caer en tópicos innecesarios, tocando solo los imprescindibles. Es una obra solvente, sin duda.
La película nunca logra definirse, dejando al espectador con una sensación de desconcierto. Es un entretenimiento vago que se siente torpe en su desarrollo.
Lo más negativo de esta obra no radica en su pretenciosidad, en la falta de ritmo, en su escaso rigor, en la cursilería o en su extensión. No, lo peor siempre es, como suele suceder, lo que realmente se destaca.
Todo deslumbra. De repente, los espacios luminosos e inmensos del desierto sirven para describir los siniestros vericuetos de un alma atormentada. Más de tres horas y media cerca de la hipnosis.
El conceto es el concepto. Fuera de esta verdad con aspecto de templo, queda un genial Manquiña y una irreverente invitación al deseo. De los 40000 chistes, funcionan cinco.
Todo es disfrutable en una cinta con tan limitados prejuicios como sobrada de recursos. Brillan las escenas de acción y dan dentera los alardes de terror. (...) Las lecciones morales son de un torpe que raya lo inmoral (...) Puntuación: ★★ (sobre 5)
Remake de "El socio" (René Gainville, 1968) que se transforma así en una comedia entregada a las batallas justas: el mundo, además de dar asco, es machista. Por momentos, simpática.
Es un thriller entretejido con la mejor acción sin olvidar el toque nihilista de un 'amour fou comme il faut'. Tan fuera de sí que se diría que no es una, sino cien magníficas películas.
Un aquelarre sin sentido. Es una película profundamente irregular y ciclotímica. En ocasiones resulta genial, pero en otras es simplemente ruidosa y siempre se siente desarticulada.
Una especie de 'El ángel exterminador' de Buñuel con la estructura de cuento de hadas. Nyholm se las ingenia para colocar al espectador en el borde de su particular precipicio. Y lo hace de manera tan original como profunda.
Entretiene y poco más. Producción empeñada en explotar el carisma de la pareja de marras. Combinado de humor, acción y ligereza de ánimos. El día del estreno hubo uno que se rió. Aún se le busca.
La más febril y sorprendente propuesta del año, pese a sus excesos líricos. Cada frase se empeña en contar el mundo. Entero. Y claro, llega un momento que agota.