Más elaborada, con menos mordiente, se cuelan algunos chistes al límite, los que escuecen, al lado de otros más cerca de la urgencia. Lo que no consigue la película es sobrepasar nunca el umbral de lo coyuntural.
El principal problema radica en lo predecible y desgastados que se presentan los argumentos. Sin embargo, la forma en que se desarrollan los personajes aporta un toque de gracia.
Todo es disfrutable en una cinta con tan limitados prejuicios como sobrada de recursos. Brillan las escenas de acción y dan dentera los alardes de terror. (...) Las lecciones morales son de un torpe que raya lo inmoral (...) Puntuación: ★★ (sobre 5)
Después de la delirante exhibición de vísceras descontroladas en 'Re-animator', Gordon retoma un relato de Lovecraft con el propósito claro de capitalizar su fama.
Remake de "El socio" (René Gainville, 1968) que se transforma así en una comedia entregada a las batallas justas: el mundo, además de dar asco, es machista. Por momentos, simpática.
Es un thriller entretejido con la mejor acción sin olvidar el toque nihilista de un 'amour fou comme il faut'. Tan fuera de sí que se diría que no es una, sino cien magníficas películas.
La más febril y sorprendente propuesta del año, pese a sus excesos líricos. Cada frase se empeña en contar el mundo. Entero. Y claro, llega un momento que agota.
La probada habilidad de Scott para las secuencias de acción no es suficiente. El empeño por 'intelectualizar' la historia termina por aniquilar cualquier amago de encanto emocional. De otro modo, sobra reflexión, falta flexión, es decir, emoción.
El rigor formal disimula con cierta dificultad una moraleja que se anticipa demasiado pronto. Sin embargo, la brillantez del relato amoroso entre los adolescentes, ubicado en medio de la trama, alivia, consuela y, en última instancia, rescata la película.
Pocas películas están tan bellamente escritas y a la vez tan elegantemente superficiales. Lo mejor es la actuación de Chastain, mientras que lo peor es la falta de atención en un guion que podría haber ofrecido más que una simple colección de clichés.
Toda la película se mueve a tientas a través del documental y el cuento de hadas; de la realidad y la alegoría, del sueño y el íncubo. Sin duda, una pieza de poesía tal vez absurda y decididamente inabarcable. Hasta brutal.
Sorprende la tensión preciosista de cada encuadre, entusiasma el tenebrismo grave y profundo, y desalienta el ritual pedestre de un verismo interpretativo tan pomposo y afectado como tristemente melodramático.
Un aquelarre sin sentido. Es una película profundamente irregular y ciclotímica. En ocasiones resulta genial, pero en otras es simplemente ruidosa y siempre se siente desarticulada.