Bourboulon logra crear una película que combina modernidad en su estilo con una esencia atemporal en su mensaje. Presenta un relato clásico con diversión y desinhibición, siendo plenamente consciente de que su papel como director es mantenerse al margen.
Rendido homenaje al mejor terror de los 80. Rodolfo Sancho, Ramón Barea y Ana Hernández se entretienen en reconstruir a su manera su expediente Warren.
Brillante, el virtuosismo en plano secuencia del sexto episodio de 'La maldición...' se erige como el último y mejor exponente del nuevo lugar que ocupa el miedo en nuestra sociedad.
Tan atrevida que, en un momento dado, conmina al espectador a cerrar los ojos. (...) es una auténtica epifanía que convierte a la sala de cine en una exaltación de lo común desde lo íntimo (...) es un milagro.
Toda la película se mueve a tientas a través del documental y el cuento de hadas; de la realidad y la alegoría, del sueño y el íncubo. Sin duda, una pieza de poesía tal vez absurda y decididamente inabarcable. Hasta brutal.
Conmovedora, dura y desasosegada. La directora logra crear una impresionante radiografía de la existencia, abarcando cualquier tipo de vida imaginable. Además, consigue describir de manera aterradora la sensación del paso del tiempo.
Intimida un universo a la vez cercano y terroríficamente extraño. Se antoja la película que Buñuel nunca se atrevió a soñar. Cruel, absurda, fea y magnética.
Una película narrada con una voz en off que funciona como un surtidor de imágenes. Importa el ritmo de cada relato, importa la sensación de estar dentro de una aventura de la que depende hasta la misma vida del espectador. Es cine del trepidante que discurre por la retina como un secreto recién contado.
Es la viva imagen de un tren bala japonés: tan sofisticado, complejo y puntual como directo al mismísimo corazón. Una película tan delicada y precisa como elaborada y laberíntica. Quizá perfecta.
Simpática, bienintencionada y con un Jack Black en estado de gracia, pero, definitivamente, nada que ver [con 'Jumanji']. La idea de actualizar la mitología es, en un condescendiente sentido de la palabra, resultona.
Un aquelarre sin sentido. Es una película profundamente irregular y ciclotímica. En ocasiones resulta genial, pero en otras es simplemente ruidosa y siempre se siente desarticulada.
Pocos ejercicios de inanidad tan desenfocados, imprecisos y con tan poca gracia. Todo le sobra a una película que avanza por la pantalla de manera descontrolada y fuera de registro, quedándose en lo superficial.
Ritchie muestra sus rasgos más oportunistas y arrogantes en una exhibición descontrolada de sí mismo y de la leyenda artúrica. Lo que antes era original en sus trabajos ahora se siente ruidoso, alborotado y vulgar.