Con un gesto tan auténtico como punzante, la película se adentra en un panorama desolador que refleja la vida misma. Es contundente en su claridad y efectiva en su dramatismo.
Monumental ofrece el tamaño exacto del talento descomunal de su director. En ese arranque de genio, todo lo que ve es, en sentido radical, lo que no está. Sin duda, una obra mayor.
Extraño y deslumbrante cuento trascendental disfrazado de drama adolescente. Sin duda, una película que generará controversia y que provocará sufrimiento.
Una obra maestra que presenta un milimetrado juego de espejos donde la realidad y la ficción, el drama y la comedia se entrelazan con una elegancia y maestría raramente vistas.
Brillante adaptación de la novela. El director se limita a seguir el paso pautado del texto. Con claridad, elegancia y hondura, es una película tan certera en su planteamiento como iluminada en su propuesta.
Todo, desde la lógica rota de la narración a la visceralidad fuera de sí de las interpretaciones, es arrojado a la cara del espectador con los atrabiliarios modales de lo que se quiere diferente.
La genialidad antiartística de Quentin Dupieux descompone la personalidad del pintor, ofreciendo una comedia delirante, autorreferencial, inclasificable y hasta daliniana.
Toda la cinta está estratégicamente trufada de hallazgos verdaderamente memorables y no queda otra que rendirse de nuevo al hecho irrefutable de que Nicolas Cage es Nicolas Cage.
Turbia, confusa, histérica e irresistible. Nunca antes una película se atrevió a tanto. Aster, encantado de conocerse, ha dirigido una película sencillamente indescifrable. Entusiasma de puro fea.
El cine que vomita cine. La virtud de la mirada del sueco Östlun radica en su habilidad para transformar cada acto cotidiano en un resultado de infinitos errores meticulosamente organizados.
Se entona y desentona, se hace y deshace, con una rara habilidad para hacer lucir cada uno de sus defectos. No es una película perfecta, pero sí tremendamente oportuna.
La película se limita a viajar con gusto, cierta ironía y buen tono por asuntos tales como la nostalgia, los estribillos fáciles de memorizar, la música de los 80 y, ya que estamos, el amor.
Entre la comedia, el drama, el absurdo, el horror y la más triste de las tristezas, Rodríguez se las arregla para mantener en alerta al espectador durante todo lo que dura la película. (...) un Sacristán con gesto de gigante.