Brillante la actriz Renate Reinsve. Un inteligente repaso por asuntos tales como la pareja, la maternidad, el compromiso. Ligera pese a su gravedad, optimista en su desesperación, gozosa aunque duele.
El prodigio de pedernal de Lynch sigue intacto. Perfecto en cada una de sus aristas. Indestructible. Aún obliga en cada visionado a una interpretación: siempre nueva y siempre diferente.
Calparsoro reescribe y pule con maestría las reglas del cine quinqui. recupera la épica sucia del subgénero que retrató la cara B de la Transición de la mano de una inmensa y voraz Carolina Yuste.
Coixet está lejos de su mejor versión. Es un ejercicio desinhibido que muestra su oficio, con diálogos fluidos y una moraleja subyacente. Sin embargo, lo que más destaca negativamente es la falta ocasional de ritmo en un guion que necesitaba, quizás, más agilidad.
Someten al espectador en la primera mitad a un conjunto de escenarios tan convencionales como insípidos. De repente, la trama se adentra en el oscuro terreno de las verdades reveladas, adquiriendo un tono profundo y sombrío propio de los relatos significativos.
Extraño y deslumbrante cuento trascendental disfrazado de drama adolescente. Sin duda, una película que generará controversia y que provocará sufrimiento.
La cinta se limita a reproducir, con sencillez y buen tono, el patrón anglosajón del maestro que, de repente, descubre que las reglas, las de siempre, no sirven. Todo es evidente, sí; pero oportuno.
Una obra maestra que presenta un milimetrado juego de espejos donde la realidad y la ficción, el drama y la comedia se entrelazan con una elegancia y maestría raramente vistas.
Superproducción española tan aparatosa e irregular como, al final, cargante. La brillante secuencia inicial pronto se pierde en un tráfago de gestos desmedidos. Eso sí, puestos a naufragar, que sea a lo grande.
Un divertido y desenfrenado delirio tan ocurrente como oportuno, algo melancólica y completamente absurda en el mejor y más disfrutable de los sentidos.
Es, ante todo, un proceso intenso; un proceso iluminado y voraz. Es una película que combina melancolía y humor, resultando ligeramente incómoda y tan perspicaz que provoca risa. Sin embargo, hay que tener precaución, ya que la risa ocurre en el sentido inverso.
Turbia, confusa, histérica e irresistible. Nunca antes una película se atrevió a tanto. Aster, encantado de conocerse, ha dirigido una película sencillamente indescifrable. Entusiasma de puro fea.
Lástima que ni el ritmo de pausado simplemente mortecino ni el desarrollo, incapaz de sobrepasar la anécdota, estén a la altura ni de la subyugante idea ni del gozoso arranque de puro desconcertante.
Llama la atención su vocación de sátira y crítica mordaz desde un espacio tan ingenuo que se diría disparatado. Todo discurre de un acontecimiento a otro en una estructura río que se acerca peligrosamente a lo extenuante.