En ese espacio indefinido entre lo real y la fabulación, 'Quinqui Stars' construye una intensa, emotiva y sobre todo visceral apología de los márgenes. Lo escabroso mimetizado.
Coixet está lejos de su mejor versión. Es un ejercicio desinhibido que muestra su oficio, con diálogos fluidos y una moraleja subyacente. Sin embargo, lo que más destaca negativamente es la falta ocasional de ritmo en un guion que necesitaba, quizás, más agilidad.
Tran Anh Hung transforma la pantalla en un verdadero festín cinematográfico y logra recuperar el pulso, las técnicas y un gusto excepcional al capturar lo que sucede en escena.
Belushi es un profesor de instituto, pero no uno común. Alterna la enseñanza de la regla del nueve con momentos de violencia física hacia sus alumnos. Ni siquiera la última escena, que recuerda a 'Sólo ante el peligro', logra salvar la película del aburrimiento.
Superproducción española tan aparatosa e irregular como, al final, cargante. La brillante secuencia inicial pronto se pierde en un tráfago de gestos desmedidos. Eso sí, puestos a naufragar, que sea a lo grande.
Un divertido y desenfrenado delirio tan ocurrente como oportuno, algo melancólica y completamente absurda en el mejor y más disfrutable de los sentidos.
Turbia, confusa, histérica e irresistible. Nunca antes una película se atrevió a tanto. Aster, encantado de conocerse, ha dirigido una película sencillamente indescifrable. Entusiasma de puro fea.
Brillante la actriz Renate Reinsve. Un inteligente repaso por asuntos tales como la pareja, la maternidad, el compromiso. Ligera pese a su gravedad, optimista en su desesperación, gozosa aunque duele.
Es un material altamente inestable que solo requiere de una actriz profundamente inquietante. Y aquí, Huppert muestra una sustancia adictiva que convierte cada uno de sus trabajos en una amenaza semántica.
Es lo más parecido a una operación de desmontaje donde el escritor no tiene reparo alguno en entregar una divertidísima caricatura de sí mismo. Eso sí, por momentos, será de tanto relax, uno acaba por agotarse.
Entre la comedia, el drama, el absurdo, el horror y la más triste de las tristezas, Rodríguez se las arregla para mantener en alerta al espectador durante todo lo que dura la película. (...) un Sacristán con gesto de gigante.
Road movie tan pendiente de los detalles absurdos como perspicaz a la hora de dibujar metáforas, gana cuando se vacía de retórica y pierde cuando cruza la línea, también delgada, que la acerca a la impostura del melodrama.