García-Ruiz deteriora la comedia al mezclarla con las imperfecciones de la vida, pero logra crear, gracias a dos intérpretes brillantes, una película que es a la vez irreverente, libre y efectiva.
Polanski regresa con una de sus peores obras, presentando una comedia cargada de mala fe. Se esfuerza por hacer que todos los chistes suenen desfasados, con un tono sutilmente homófobo y abiertamente misógino.
Pertenece al género de lo deslumbrante, una pesadilla tan certera y cercana que provoca tanto dolor como diversión. Sorprende la maestría de una puesta en escena que se mantiene constantemente al borde de lo verosímil.
La película introduce un nuevo género: el 'metathriller'. Todo esto se complementa con un sentido del humor sutilmente estrafalario, característico del cine contemporáneo. Presenta una intriga intensa, caótica y brutal.
Comedia para quienes no han asistido a una reunión de vecinos, y un drama realista para el resto. Es mordaz, sangrante, cruel y, sobre todo, extremadamente fiel a la realidad.
En su intento de parodiar o interpretar un fenómeno, la película se convierte en lo mismo que pretende criticar. En otras palabras, 'Mi gran noche' no se diferencia mucho de un programa de Nochevieja. Sin embargo, Raphael brilla con fuerza.
Un José Sacristán sencillamente inmenso. El problema es que, a ratos, el lirismo y la metáfora excesiva se apoderan de la narración y la vuelven monótona.
Muy metida en su papel de comedia para listos, es decir, consciente de que hace gracia. A la cinta se le va la mano. De principio a fin, luce el aspecto de una película de los hermanos Coen, pero sin los Coen.
Navega de cliché en cliché hasta el más rumboso e inane de los olvidos. Una intrascendencia tan lacerante que se diría rodada no tanto por un director, sino por el propio algoritmo que tanto se menciona.
Oliver Laxe deslumbra con su obra. Es una producción notable que cuenta con un trabajo fotográfico extraordinario de Mauro Hercé. Se presenta como una película de belleza tanto provocadora como hipnótica, al mismo tiempo que actúa como una apología y refutación del fuego.
Un retrato hiriente, ambiguo, incómodo y muy salvaje de lo que nos ocurre. Se sitúa en el ámbito de aquellas películas que explican poco, no aleccionan y, de forma intencionada, provocan malestar.
Es un despliegue tan confuso y desproporcionado como sorprendentemente hipnótico y naive. La magia reside en lo impredecible, en esa habilidad tan característica de Besson para combinar lo pomposo y lo ingenuo con un desparpajo que asombra.
Este primer episodio parece ser una introducción excesivamente larga o, simplemente, un capítulo que no logra su objetivo. El primer capítulo resulta ser un verdadero desastre. Sin embargo, seguiré viendo el siguiente, así como el tercero y cuarto, siempre que el director logre realizarlos.