Magistral y divertido delirio entregado al placer de contar. Se trata de cuatro historias extrañas, sorprendentes, con un hilo común: la mirada incandescente de un actor que se despide.
Desmedido, fútil, metafísico, ridículo y magnético. Todo a la vez. Es cine tan replegado sobre su propia alucinación al que sólo cabe rendir pleitesía. O aborrecerlo para siempre.
Shyamalan presenta en 'After Earth' un enfoque diseñado para el suicidio artístico. En esta fantasía distópica con elementos espirituales, todo resulta discordante. Es una experiencia incómoda que no logra cohesión.
De la trilogía, esta entrega destaca notablemente. Las grietas en el vidrio resquebrajado advierten al espectador que la verdadera pregunta es: ¿Qué hago aquí disfrutando de un catálogo tan atroz?
David Robert Mitchell se presenta como un cineasta excepcional. Su trabajo es un fascinante ejercicio cinematográfico, destacándose como una de las obras más impactantes y memorables de los últimos tiempos.
No se trata de inventar nada, sino de reformular en un escenario completamente inédito las claves de un cine incrustado en la memoria de cualquier mirada.
Una historia se desarrolla de manera ágil y precisa. Affleck, en una elección de casting discutible, trabaja intensamente para superar las expectativas en su papel protagónico.
Una obra maestra con el alma helada; un thriller estilizado y profundo en el que el cine americano de gángsteres de los años 40 se cruza con el policíaco francés hasta convertirse en una pieza icónica de la cultura popular de los 60.
La película destaca por su excelente producción, sin embargo, algunos diálogos, que se sienten demasiado sencillos y evidentes, restan valor a lo que podría haber sido un resultado superior con un guion más sólido.
Legrand transforma el drama del divorcio en una impactante historia de terror. La claridad de la narrativa es impresionante, fluyendo de manera coherente y sin giros inesperados, lo que aporta una notable madurez a toda la película.
Turbia, deslumbrante y divertida, esta obra se presenta como un cuento de miedo iluminado por el día. Es una mezcla de terror y comedia negra que sorprende con su claridad y originalidad.
Una aterradora muestra de cine de terror auténtico que refleja con claridad la oscuridad de nuestros miedos. Nos convierte en protagonistas de una experiencia inquietante y perturbadora. Sin duda, es una obra maestra.
A ratos, la teatralidad resulta artificial y algo exagerada, pero esa percepción se desvaneció rápidamente. Es una propuesta arriesgada, inteligente y brillante.
Un sueño que se mezcla con la realidad, creando una narrativa singular. La música de Alberto Iglesias resalta y deja una huella imborrable en la experiencia.
Una película caracterizada por su desigualdad, donde destacan las actuaciones de Arriaga y Álex de la Iglesia, quien se atreve con la comedia. La influencia de Kusturica es notable, al igual que la capacidad de Amos Gitai de cautivar al espectador.