Un acto de amor al monstruo. Álvarez expande el mito del xenomorfo creado por Dan O'Bannon, H. R. Giger y Ridley Scott en 1979, llevándolo a un nivel de disfrute y delirio sin precedentes.
Es un despliegue tan confuso y desproporcionado como sorprendentemente hipnótico y naive. La magia reside en lo impredecible, en esa habilidad tan característica de Besson para combinar lo pomposo y lo ingenuo con un desparpajo que asombra.
Oppenheimer ofrece en 'The look of silence' una respuesta precisa a su ineludible 'The act of killing', creando así un inmenso y perfecto monumento al silencio.
Es un 'western-punk' que destaca por su rigor y atención al detalle, devolviendo al cine de acción una sensación de autenticidad. Cada plano transmite dolor, irritación y, sobre todo, entusiasmo.
Conmovedora, ascética y voraz, se lanza desde el primer instante por una pendiente en espiral que, cual torbellino, captura la atención del espectador. Schrader muestra estar en su mejor momento.
Sin moralismos torpes ni subrayados innecesarios, 'Three Kilometres to the End of the World' se presenta como un modelo de narración cinematográfica efectiva.
Andrea Arnold regresa a la crudeza de los barrios para construir una soberbia y tierna a la vez historia de redención entre la fábula y el pedernal. Es cine bello por completamente vivo.
Puntillosa y muy aguda. Una autopsia escalofriante de un país entero. Y en medio, los cadáveres de los jueces Falcone y Borsellino. Y en el fondo, Berlusconi.
La película carece de atmósfera, tensión y significado. Al eliminar la historia, la coreografía y los diálogos, se convierte en un homenaje excesivamente indulgente a sí mismo por parte de Winding Refn tras el éxito de 'Drive'.
Fleder impacta con un thriller que combina fatalismo, ritmo pausado y momentos de salvajismo, introduciendo a un personaje inolvidable: García-El Santo. Destaca la frase de perdedores que dice: 'Las cosas son como son'.
Refutación de la comedia romántica. Monia Chokri destruye los lugares comunes de la comedia romántica desde la radical cotidianidad de la vida, eso que mancha.
Navega de cliché en cliché hasta el más rumboso e inane de los olvidos. Una intrascendencia tan lacerante que se diría rodada no tanto por un director, sino por el propio algoritmo que tanto se menciona.
El apocalipsis tiene un pasado y el futuro es femenino. Miller enriquece la leyenda de Mad Max con la entrega más reflexiva y estructurada de la saga, sin sacrificar el extravagante y contemporáneo encanto de la caótica armonía que la caracteriza.