La esencia de la obra de Lerman radica en mantener al espectador en un constante estado de intriga, sin poder discernir si lo que observa es fruto de su fantasía o simplemente una narrativa televisiva.
La película intenta ser una fábula moral, una metáfora política y un thriller de acción. Esta ambigüedad es tanto su punto fuerte como su mayor debilidad.
Tarr transforma el cine en un medio de expresión que explora sus límites. Es raro experimentar algo tan radicalmente innovador, y esta película lo logra. Aquí, la única materia prima es la verdad.
Deray explora con precisión los oscuros caminos del deseo. Su sentido del ritmo es condensado, creando una experiencia fluida y emocional, con imágenes que poseen una magia extraña y perturbadora.
Veraz y fiel descripción de la pasión. Toda la película se vive como el espectáculo incierto del desmontaje de una bomba. Una transparente puesta en escena no exenta de momento iluminados tan delicadamente surrealistas como encendidos.
A su favor, los diálogos son ingeniosos y visualmente impactantes. ¿Es esta una película perjudicada por un productor que confunde la libertad creativa con el desinterés? Parece serlo.
Apabulla y, en ocasiones, cautiva. Esto se debe a su habilidad para relatar el presente mientras evoca el pasado. Nos sumerge en la esencia de un personaje diferente, con el autor mismo entregándose a esta experiencia.
El planteamiento se siente demasiado formulado, ofreciendo una serie de escenarios comunes. Aunque la energía es palpable, la mayoría de los demás aspectos son decepcionantes.
Un documental perspicaz que descubre perspectivas inéditas sobre lo habitual. Es algo inusualmente extraño, conmovedor y tierno que trasciende la simple realidad.
Una brillante y sutil mirada a la tragedia de la emigración, donde no solo se señala el sufrimiento, sino que se busca hacer sentir su impacto en cada escena. Es una obra conmovedora e intensa que deja huella.
Lo esencial era la presencia del enigma, lo que permitía nuevas formas de ver el mundo. Sin ello, el misterio tomaba el control de nuestras vidas, convirtiéndonos en tristes y solitarios espectadores de una era limitada.