Loach logra, una vez más, presentar los matices de una herida que sigue sin sanar. El resultado es una película que se edifica sobre la emoción, destacando el reencuentro y la esperanza a pesar de las adversidades.
A diferencia de sus obras anteriores, en esta el uso de la cámara destaca en exceso. El drama, en ciertos momentos, parece más una exposición que una narrativa envolvente. Esta situación es perjudicial para la experiencia general.
Abramovich crea un diario que explora el silencio y el vacío, destacando el contraste entre lo profundo y lo trivial. Es una obra que mezcla la perplejidad con el humor, ofreciendo una experiencia cinematográfica única e intrigante.
Scorsese brinda una profunda y dolorosa exploración de la religión, balanceando la razón y la fe. Es una de las obras más intensas y estilizadas de su carrera.
Ingrid Rubio ofrece una actuación excepcional. Sin embargo, surgen problemas cuando, a pesar de las intenciones del director y del guionista, los feroces nazis se convierten en personajes poco creíbles.
La película no solo denuncia injusticias, sino que también las expone claramente. A través de su lente, se sigue a personajes atrapados en realidades duras, explorando sus luchas más superficiales y cotidianas.
Una experiencia casi mística donde se reafirma, episodio tras episodio, la devoción hacia un concepto exagerado, salvaje y voraz, en el que Eduard Fernández brilla con fuerza. Es un festín de emociones y sensaciones que atrapan.
Sorprendente, iluminada por un místico hiperrealismo y una fotografía deslumbrante en tonos grises. La obra se adentra sin temor en lo más profundo de la oscuridad, revelándonos así la esencia de lo sagrado.