Cumple con las normas del género, mostrando una mezcla de habilidad técnica y la robustez del trabajo artesanal. Es una película que se adhiere a su formato de manera eficiente.
Nada es previsible. Con un pulso entre tierno y marciano, la realizadora construye una fábula cruel de la religión, la esperanza y, ya que estamos, la vida. Milagrosa.
Es un cine sutil y apasionado, profundamente comprometido con su mensaje y sensible a las heridas del alma. Una obra que, a través de su delicadeza, provoca un dolor hermoso; una caricia que marca y deja huella.
La cámara de Dumont no solo muestra, sino que también invita a la reflexión y, en ocasiones, puede resultar desconcertante. Su estilo provoca incomodidad y hasta puede llegar a irritar, pero siempre estimula el pensamiento, lo cual es muy apreciado.
La cinta se siente atrapada en la oscura temática de los deseos prohibidos de un hombre, sin avanzar en su narrativa ni plantear nuevos conflictos, lo que revela la falta de habilidad del guion para presentar opciones al espectador.
El director intenta crear una sinfonía del deseo que roza lo milagroso, pero, en realidad, solo logra captar esto de manera parcial. Hay un exceso de elementos superfluos y anécdotas que no encajan.
Un pastiche 'vintage' que no logra ser del todo divertido ni efectivo, acompañado de una dirección que recuerda más a un proyecto escolar que a una producción profesional.
Película alemana que se siente pesada y manipulativa. Su objetivo es criticar el malentendido que se tiene de la religión, mostrando sus efectos negativos.
A pesar de la moderación del guion y la brillantez de sus números destacados, la obra padece de una excesiva dependencia del original que, en ciertos momentos, resulta incómoda.
El remake más superfluo y absurdo que existe. La dirección de Wiseman destruye por completo lo que hizo grande a la versión original. Se siente como un producto creado por un grupo de productores sin ética alguna.
El drama se esconde en la ruptura temporal. Day-Lewis y Pfeiffer reivindican su anhelo. Con un control absoluto, nace una obra impresionante, intensamente controlada en su asombroso desarrollo.
Remake de 'Un elefante se equivoca enormemente', de Yves Robert, 1977. Por lo demás, la banda sonora de Wonder, las curvas de LeBrock y las planicies de las rijosidades con los cuarenta cumplidos.
En este remake de la genial comedia fantástica "El difunto protesta", de Alexander Hall, 1941, Beatty lo hace todo en este rendido homenaje a sí mismo. Blanda y entrañable.
La experiencia de presenciar una comedia desafortunada resulta devastadora, ya que la trama se siente completamente arbitraria y desesperada. Carece de tensión y se torna ridícula.
Rehacer el clásico de Tourneur, "Retorno al pasado", es una tarea destinada al fracaso desde el inicio. A pesar de la meticulosa ambientación, la sombra de la película original es demasiado pesada.