Sin ningún sentido del humor, lo que resulta ser más dramático que negativo, incluso llegándose a percibir como patético. Suena afectado y, ciertamente, lo es.
Un cautivador espectáculo de 'fantaciencia' que resulta tan revelador y fascinante como fiel al original. Es una experiencia que transporta, un deleite visual que evoca una travesía nocturna a través de la memoria, tanto cinéfila como personal.
La película se esfuerza por sorprender en cada escena. Aunque no siempre logra atraparte, cuando lo hace, es realmente impactante. El desenlace es tan original como brillante.
Una historia se desarrolla de manera ágil y precisa. Affleck, en una elección de casting discutible, trabaja intensamente para superar las expectativas en su papel protagónico.
Una obra maestra con el alma helada; un thriller estilizado y profundo en el que el cine americano de gángsteres de los años 40 se cruza con el policíaco francés hasta convertirse en una pieza icónica de la cultura popular de los 60.
Es una experiencia cinematográfica que desafía la comprensión de quien no está acostumbrado a su estilo. Es un cine extraña y auténtico en su esencia, capaz de poner a prueba la paciencia del espectador.
El principal inconveniente radica en la sensación de pérdida. La historia presenta un enfoque errático que combina thriller, melodrama y misterio, pero termina siendo únicamente una paradoja. Es una experiencia interminable.
Cualquier intento de sensatez es destruido por un guión excesivamente pretencioso. Arranca con una carga emocional y dramática tan intensa que cualquier avance solo puede llevar a una caída. Y, efectivamente, se desploma. Una verdadera lástima.
Se aleja de lo que suele ofrecer el cine español actual. Su naturaleza provocadora y diferente es lo que en gran medida aporta su valor y su poder para sorprender.
Un 'western' que combina la tradición con un enfoque innovador, cautivando a la audiencia con su brillante presentación y aguda crítica social. Sin duda, una de las películas más destacadas de la temporada.
Desmedido, fútil, metafísico, ridículo y magnético. Todo a la vez. Es cine tan replegado sobre su propia alucinación al que sólo cabe rendir pleitesía. O aborrecerlo para siempre.
Shyamalan presenta en 'After Earth' un enfoque diseñado para el suicidio artístico. En esta fantasía distópica con elementos espirituales, todo resulta discordante. Es una experiencia incómoda que no logra cohesión.
De la trilogía, esta entrega destaca notablemente. Las grietas en el vidrio resquebrajado advierten al espectador que la verdadera pregunta es: ¿Qué hago aquí disfrutando de un catálogo tan atroz?
David Robert Mitchell se presenta como un cineasta excepcional. Su trabajo es un fascinante ejercicio cinematográfico, destacándose como una de las obras más impactantes y memorables de los últimos tiempos.
No se trata de inventar nada, sino de reformular en un escenario completamente inédito las claves de un cine incrustado en la memoria de cualquier mirada.