Una brillante, calculada y herida reflexión sobre el trance de la adolescencia, un trabajo tan épico como íntimo, tan desproporcionado como meticuloso en su precisión. Brillante antiwestern.
Película que se mantiene en un delicado equilibrio entre lo que narra y lo que sugiere; entre lo visible y lo que causa dolor. La directora crea una obra tan sofisticada como conmovedora.
Un entusiasta himno al hedonismo en una película construida a flor de piel. Es cine sensorial y erótico, profundamente erótico, que sublima la engañosa intrascendencia de los sentidos en celebración, herida y duda.
Una película tan perfectamente agresiva y voraz que enamora. Tanto como una fiera salvaje. Guzzoni ha encontrado una voz tan profunda y grave que sangra.
Daniel Guzmán destaca en 'A cambio de nada' con una excelente representación de la incertidumbre, la emoción y la temporalidad; es un deslumbrante prodigio.
La película es correcta, enérgica y bienintencionada, aunque resulta decididamente menor. Es un trabajo notable, pero a pesar de ello, no logra alcanzar la altura que se esperaría.
Dresen, tan sutil en el pasado, intenta adaptarse a tiempos turbulentos incrementando la intensidad. Sin embargo, no logra capturar el frenesí deseado y se queda corto, cayendo en una mera precipitación.
Alice Rohrwacher compone en 'El país de las maravillas' una delicada fábula en torno a una familia rural que se revela como un mágico ejercicio de la creación.
Sin didactismos ni falsas moralejas, el resultado es una cinta tan enigmática como lúcida, y tan cerebral como desconcertante. En algunos momentos se siente un poco dispersa, pero siempre mantiene un tono cruel. Se presenta como un verdadero misterio.
Una historia de crecimiento desde la necesidad del deseo hasta la dura constancia de lo real. Sin duda, una película tan bella como amarga. Y, ya sí, una obra mayor.