'Boyhood' deslumbra con la más conmovedora descripción posible de la herida del tiempo y propone reglas nuevas a eso llamado cine. Una película sin precedentes, tan descomunal e inquietante como conmovedora. Magnética e irrenunciable.
Alice Rohrwacher compone en 'El país de las maravillas' una delicada fábula en torno a una familia rural que se revela como un mágico ejercicio de la creación.
Sin didactismos ni falsas moralejas, el resultado es una cinta tan enigmática como lúcida, y tan cerebral como desconcertante. En algunos momentos se siente un poco dispersa, pero siempre mantiene un tono cruel. Se presenta como un verdadero misterio.
Una historia de crecimiento desde la necesidad del deseo hasta la dura constancia de lo real. Sin duda, una película tan bella como amarga. Y, ya sí, una obra mayor.
Deslumbrante. Pocas veces en el cine reciente se ha retratado de manera tan directa, tierna y precisa el sexo lésbico. Es un verdadero milagro en la pantalla, un trabajo crudo, brillante y altamente arriesgado.
El inconveniente radica en que no estamos ante Siedl, sino ante una versión aburrida y demasiado intelectual del mismo. Esto, además de provocar confusión, resulta mucho menos entretenido.
Sofia Coppola inicia de manera prometedora el retrato de la frivolidad, pero pronto se ve atrapada por la apatía. Con el paso del tiempo, la película se desgasta en su propia idea y no logra desarrollar a los personajes.
Perfecta, de principio a fin. Tan inteligente como emotiva. Tan calculadamente cerebral como conmovedora. Tan real como soñada. Tan cautivadora como precisa.
El italiano se acerca a las más íntimas motivaciones de su cine hasta desnudarlo completamente. De otro modo, un viaje tierno, preciso y emotivo a la raíz de lo que un día fuimos.
Klotz presenta una radiografía espiritual del ocaso nocturno, ofreciendo un relato mítico y voraz sobre la incertidumbre de la edad. Es una obra que se siente atómica, lírica y sublime.
Una encendida, aunque imprecisa y esquematica, reivindicación de la furia adolescente. (...) a fuerza de pretender proximidad y realismo, acaba por convertirse en un cuento arrojado a ninguna parte.