A diferencia de sus obras anteriores, en esta el uso de la cámara destaca en exceso. El drama, en ciertos momentos, parece más una exposición que una narrativa envolvente. Esta situación es perjudicial para la experiencia general.
Abramovich crea un diario que explora el silencio y el vacío, destacando el contraste entre lo profundo y lo trivial. Es una obra que mezcla la perplejidad con el humor, ofreciendo una experiencia cinematográfica única e intrigante.
Scorsese brinda una profunda y dolorosa exploración de la religión, balanceando la razón y la fe. Es una de las obras más intensas y estilizadas de su carrera.
Sorprendente, iluminada por un místico hiperrealismo y una fotografía deslumbrante en tonos grises. La obra se adentra sin temor en lo más profundo de la oscuridad, revelándonos así la esencia de lo sagrado.
La cinta se siente atrapada en la oscura temática de los deseos prohibidos de un hombre, sin avanzar en su narrativa ni plantear nuevos conflictos, lo que revela la falta de habilidad del guion para presentar opciones al espectador.
El director intenta crear una sinfonía del deseo que roza lo milagroso, pero, en realidad, solo logra captar esto de manera parcial. Hay un exceso de elementos superfluos y anécdotas que no encajan.
Película alemana que se siente pesada y manipulativa. Su objetivo es criticar el malentendido que se tiene de la religión, mostrando sus efectos negativos.
A pesar de la moderación del guion y la brillantez de sus números destacados, la obra padece de una excesiva dependencia del original que, en ciertos momentos, resulta incómoda.
El drama se esconde en la ruptura temporal. Day-Lewis y Pfeiffer reivindican su anhelo. Con un control absoluto, nace una obra impresionante, intensamente controlada en su asombroso desarrollo.
En este remake de la genial comedia fantástica "El difunto protesta", de Alexander Hall, 1941, Beatty lo hace todo en este rendido homenaje a sí mismo. Blanda y entrañable.
«Una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna». Así definía Pascal el universo y así construye el egipcio Mohamed Diab su admirable Clash.
No está claro si 'Jurado Nº 2' será la última película de Eastwood, pero en caso de serlo, es un adiós impresionante, lleno de vitalidad y lejos de cualquier sentimiento de despedida.