No solo revisa el texto original, sino que lo purifica de prejuicios, transformándolo en una obra de un nuevo clasicismo. Es una película de una brillantez esencial, aunque un poco cursi.
Un frío retrato de confusión. La trama no desarrolla su curso ni permite un retroceso significativo, resultando en uno de los desenlaces más torpes que se han mostrado en la pantalla.
Lisandro Alonso presenta en 'Jauja' una de las experiencias más intrigantes y emocionantes del año, acercándose a lo que podría considerarse una obra maestra.
La predestinación se encuentra atrapada en una atmósfera visualmente impactante, complementada por actuaciones que son, en ocasiones, verdaderamente hipnotizadoras, destacando especialmente el desempeño de Winslet.
El 'western' se presenta sin armas, liberándose de su habitual y desgastada obsesión por la masculinidad. Fastvold ofrece una visión innovadora que desafía las convenciones de una tradición cinematográfica antigua y polvorienta.
El director presenta un cuadro desgarrador de la existencia de una mujer que ha padecido. Logra capturar de manera cautivadora la delgada línea que distingue el amor de la muerte y la tristeza de la lluvia.
El cine se presenta como una experiencia única que crea nuevas maneras de interpretar la realidad. No se trata solo de una película, sino de una manifestación artística profunda y visceral.
Un crudo reflejo de una sociedad deteriorada, este filme se destaca por su presentación audaz de lo prohibido. No lo consideraremos una obra maestra, pero llega muy cerca.
La película tiene un magnetismo casi abrumador. Su trabajo previo ya apuntaba a una gran obra, pero este supera las expectativas y se presenta como algo verdaderamente magistral por todo lo que insinúa y revela.
Impersonal rosario con un aire etéreo que invita al descanso y la tranquilidad, perfecto para aquellos que buscan una experiencia de serenidad, tal vez incluso de introspección.
Oldroyd, un talentoso director de cortometrajes, logra capturar las facetas de una voz claramente identificable. La actriz desempeña su papel con una precisión inquietante, mostrando el rostro intenso del miedo justo antes de ser consumido por la desesperación.
Sólo luce a ráfagas. Demasiado pendiente quizás de ensuciar la imagen, de devolver el espíritu de aquel tiempo en toda su mugrienta brillantez, la película pierde por momentos el foco de precisamente lo que importa.
El primer tercio brilla con una autenticidad desprejuiciada y salvaje. La película desafía constantemente las expectativas del público, convirtiéndose en un verdadero monumento al anticlímax, lo que resulta en una experiencia inextricable y compleja.