Manrique destaca por su desinhibición, su falta de prejuicios y un toque clásico en la creación de una farsa que es tanto ácida como entretenida. Además, el trabajo de Sonia Barba es impresionante y sumamente divertido.
Scorsese brinda una profunda y dolorosa exploración de la religión, balanceando la razón y la fe. Es una de las obras más intensas y estilizadas de su carrera.
Es un cine sutil y apasionado, profundamente comprometido con su mensaje y sensible a las heridas del alma. Una obra que, a través de su delicadeza, provoca un dolor hermoso; una caricia que marca y deja huella.
El director abraza un intimismo sensible que, aunque esforzado, resulta algo incierto. En ocasiones, este control se aproxima a la inexpresividad. Es una película que evoca tristeza tanto en su trama como en su desenlace.
La cinta se siente atrapada en la oscura temática de los deseos prohibidos de un hombre, sin avanzar en su narrativa ni plantear nuevos conflictos, lo que revela la falta de habilidad del guion para presentar opciones al espectador.
Un pastiche 'vintage' que no logra ser del todo divertido ni efectivo, acompañado de una dirección que recuerda más a un proyecto escolar que a una producción profesional.
A pesar de la moderación del guion y la brillantez de sus números destacados, la obra padece de una excesiva dependencia del original que, en ciertos momentos, resulta incómoda.
Remake de 'Un elefante se equivoca enormemente', de Yves Robert, 1977. Por lo demás, la banda sonora de Wonder, las curvas de LeBrock y las planicies de las rijosidades con los cuarenta cumplidos.
La experiencia de presenciar una comedia desafortunada resulta devastadora, ya que la trama se siente completamente arbitraria y desesperada. Carece de tensión y se torna ridícula.
Deliciosa comedia romántica, una de esas películas que se destaca por su sutileza, su paleta de colores suave y su emotividad, logrando cautivar incluso a los más escépticos. El director ha creado una obra maestra que garantiza el éxito.
El realizador logra ofrecer un análisis social que es tanto relevante como sensible, revitalizando la belleza y la fuerza de las narrativas que han dado forma a nuestra civilización.
La secuela no logra capturar la magia única del original, que equilibraba la verdad del Cinema Verité con un enfoque visceral. En esta versión, todo es más intenso, crudo y deslumbrante en comparación con la película anterior.
El director demuestra su astucia al mantener el interés del espectador, sin dejar de lado el deleite de la propia culpa. A pesar de que se ha perdido el factor sorpresa de la película anterior, logra cautivar nuevamente.