Se frotan, luego existen. El problema es otro. Lo grave es lo que hay debajo, que es muy malo y, además, duele. (...) Lo realmente duro es la utilización malsana de este argumento para acabar recetando los más soporíferos y torpes lugares comunes.
Con buen pulso, Marston logra representar la violencia silenciosa de un conflicto que pone en juego el futuro del universo. La mirada profunda de la actriz Sindi Laçej impacta. En ocasiones, el cine provoca heridas.
Cada línea hiere en la parte sensible del alma con una puntería pocas veces contemplada. Tan efectivo como tramposo. Pueril y efectivo sentimentalismo. Y, claro, vas y lloras.
Estamos delante de una obra maestra o, si se prefiere, de una de las películas más estimulantes de los últimos años. Fincher hace algo más que narrar una historia de nuestros días al ritmo casi perfecto que envenena el guión de Aaron Sorkin.
La maquinaria de la película resulta tan sorprendente que el espectador no puede por menos que rendirse a la brillantez de una ocurrencia tan perversa como turbadora.
Imposible resistirse a la gramática libre, herida y desesperadamente sincera de una película construida en el interior de un aula con los elementos más primarios.
El director logra crear una obra que irradia frescura en cada uno de sus planos y permite destacar la actuación brillante de Lumi Cavazos. Sin duda, es una experiencia sabrosa y rica.
La adolescencia y sus cambios hormonales sirven de excusa para un cálido homenaje a la inocencia perdida. Lejos del almibaramiento habitual, consigue una sencilla, enérgica y punzante excursión por lo más obvio.
Drama, comedia y mentes inquietas se dan la mano en una expedición por los vericuetos de eso llamado familia. Entre la ternura y la nostalgia quedan las vibrantes interpretaciones de Hoskins y Ryder.
Un recorrido atropellado por el morbo y los fondos del alcantarillado urbano. Un producto casi arqueológico para el análisis de sociólogos y tertulianos de mesa camilla.
Narra las primeras experiencias amorosas de unos adolescentes atados a un trabajo alienante. Además de no haber envejecido un ápice, se antoja un documento (sociológico), irrenunciable.
A Zurlini se le deben dos de las películas más intensas, desesperadas y cautivadoras que ha visto el cine italiano, ésta y 'Crónica familiar'. A recordar, el descenso de las escaleras tras el baño.