Pertenece a ese raro tipo de cine que se disfruta más en movimiento. No permite pausas. Es difícil no verse reflejado en los aspectos más triviales y absurdos de los gestos mostrados.
Una patada en la retina. La sensación que deja es perfectamente física: la boca seca y un agudo dolor de huesos. La perfecta radiografía de la miseria.
Un espectáculo cargado de pasión y caos, que parece haber salido de un programa de telerrealidad. Es melancólico y, lo más inquietante, excesivamente ruidoso.
La primera mitad del filme se siente pesada debido a un guión que parece demasiado auto-referencial y artificial. Sin embargo, sorprendentemente, a medida que avanza la trama, el ambiente se vuelve más envolvente y logra transmitir una auténtica sensación de profundidad.
Un filme que, al tomar riesgos y abordar su propia mortalidad de forma abierta, presenta suficientes elementos que lo hacen memorable, aunque sea solo por un momento.
Poética. Petzold utiliza las metáforas de manera equilibrada. Logra crear un recorrido sutil y hermoso que explora las complejidades del amor y la muerte.
Pretende relatar una sencilla historia de amor y lo logra. A favor, la puesta en escena es similar a la de Rohmer, con un estilo libre y sin retóricas. En contra, la duración de dos horas se siente excesiva y pesada.
Depardieu brilla como nunca. Este hermoso melodrama se sostiene gracias a la poderosa expresión de su gesto, cuerpo y voz, que incluso nos regala una interpretación musical. Un verdadero grande del cine.
Es estruendo y desafuero. Solo en los momentos en los que las interpretaciones se relajan y se desnudan de gestos desmesurados, la cinta logra transmitir la emoción que busca, aunque lamentablemente no se puede apreciar del todo.
Es una obra sumamente atractiva y provocativa. A pesar de que el desarrollo es inquietantemente pausado y se encuentra constantemente al borde del abismo, hay momentos en que puede resultar desalentador.
A través de un texto que supura desgarro, intensidad y, por supuesto, amor, las vidas enteras de todos los oficiantes de este ejercicio de catarsis inundan la pantalla y la empapan de emoción en un condensado ejemplo del mejor cine.
Una obra impresionante que aborda profundamente la soledad, el amor y el paso del tiempo. Hay escenas románticas de una intensidad y precisión inigualables que resultan profundamente conmovedoras.
A veces es irregular, pero en ciertas ocasiones resulta simplemente cautivadora. Siempre tiene un toque de cursilería, eso es indiscutible. Sus momentos logran transmitir una tristeza memorable con un toque poético.
Rithy Panh se sumerge en un laberinto solitario, creando un documental-instalación que se siente tanto serio como confuso al abordar el tema de las guerras.
McQueen presenta una obra maestra que es tanto épica como íntima en un entorno de horror. Aunque posee una belleza deslumbrante y un enfoque clásico, la película 'Blitz' enfrenta dificultades para vincular la emoción con su abundante despliegue visual.
Sorrentino lleva al límite su exploración napolitana del amor, la muerte, la carne y la belleza, entregando una obra gloriosa y profundamente personal. Es deslumbrante y abrumadora, a la vez hermosa y autodestructiva.