Con un descuido narrativo que confunde y divierte a partes iguales. Se sale del cine tan contento como, justo es admitirlo, mareado. Como siempre que se visita a To, vamos.
Es una película con una estética poco convencional que, sorprendentemente, atrae y fascina. Su estilo audaz desafía las normas de la belleza y logra cautivar al espectador con su insistencia en romper con los convencionalismos.
El director repite su propio trabajo con una versión en otro idioma de su película de 1998. El resultado mantiene la misma inquietante y lograda atmósfera que el original.
Un poema singular que explora la desolación, presentado a través de una narrativa fragmentada y perturbadora, evocando tanto inquietud como una sensación de vacío.
Sara Fantova muestra su gran habilidad al combinar contrastes de manera magistral, creando una experiencia cinematográfica intensa y existencial. Su debut es tan consciente de su naturaleza que brinda y consume en igual medida, resultando en un cine sin duda contagioso.
Agentes de la KGB se afanan en la eliminación de disidentes. En esto llega un joven de la CIA y entre siglas y arrebatos se va una cinta arrojada a las fauces inmisericordes de la rutina.
Una de las películas más creativas y entretenidas del cine contemporáneo. Presenta de manera sutil e inteligente una reflexión sobre los límites de la realidad, con un enfoque crudo que la hace aún más impactante. Un verdadero brillo.
Un drama pausado, meticuloso y profundo que refleja las fisuras en la pantalla provocadas por su delicada puesta en escena, permitiendo que la vida se entrelace con la narrativa.
El director logra plasmar con exactitud el vacío que supone una huida y la tristeza que la acompaña. Esto se debe en gran parte a las interpretaciones de Susi Sánchez y Bárbara Lennie, quienes se presentan de manera calculada y perfectamente desquiciada.
Una película fríamente abstracta que se desplaza por la percepción con una risa sombría que resuena con el concepto de su título, que habla del final. Tanto su trágico como su cómico hacen una combinación intrigante.
El resultado es excepcional. La obra es intensa, dramática y profundamente personal. En ciertos momentos, evoca el estilo de Eliseo Subiela o el propio Almodóvar. Sin embargo, lo fundamental es que Coppola tiene un estilo único que nadie puede cuestionar.
Pierde los elementos distintivos y la profundidad que hacían a 'El padre' una obra destacada, acercándose a un convencionalismo menos intrigante. Es una película que duele, que es significativa y de una dureza esencial.
Un drama nórdico que explora la insatisfacción y la vacuidad. Aunque suena pretencioso, efectivamente lo es. La película carece de sentido y presenta una reflexión existencial que, a pesar de su riqueza visual, se siente desenfocada.
Una película extremadamente coherente y elaborada, capaz de hipnotizar a sus espectadores al explorar la dualidad del color blanco, que simboliza tanto la pureza como la muerte.