La película se presenta como una conmovedora comedia romántica que también toca el drama. Winona se siente insegura. Los recuerdos y las inquietudes propias de la juventud se mezclan en una actuación llena de matices.
Con astucia, el director teje una intrincada red que atrapa al espectador en un estado de inquietud y frialdad. Una obra maestra que brilla en su dolorosa perfección.
Biscayart y Corberó se responden mutuamente en una actuación llena de equilibrio y libertad, expresándose sin prejuicios. La voz de Ortega destaca por ser única, auténtica y sorprendente.
Los balbuceos pseudo-filosóficos interfieren de manera notable en el desarrollo de la historia. La ostentación visual de la obra, en comparación, se siente tan arbitraria como ingenua y, en ocasiones, se vuelve simplemente ridícula.
La primera parte de la película realmente impresiona y genera emoción. 'Sons' se despliega ante nuestros ojos como una pesadilla que sigue sus propias reglas de redención y castigo. Sin embargo, el guion pierde su rumbo, eligiendo un desenlace predecible.
Es una profunda reflexión sobre los límites de la sexualidad y la carne. Al mismo tiempo, puede ser considerada una de las peores películas pornográficas. De todas formas, esta obra se establece como un punto culminante en la filmografía del director.
El esfuerzo por controlar las acciones del protagonista, interpretado de manera destacada por Jake Gyllenhaal, lleva a la película a caer prematuramente en tramas ya exploradas.
Pertenece a ese raro tipo de cine que se disfruta más en movimiento. No permite pausas. Es difícil no verse reflejado en los aspectos más triviales y absurdos de los gestos mostrados.
Una patada en la retina. La sensación que deja es perfectamente física: la boca seca y un agudo dolor de huesos. La perfecta radiografía de la miseria.
Un espectáculo cargado de pasión y caos, que parece haber salido de un programa de telerrealidad. Es melancólico y, lo más inquietante, excesivamente ruidoso.
Deslumbró en el Festival de Venecia con un elaborado avance que combina diversas técnicas de animación. Las escenas aéreas son verdaderamente espectaculares.
No es una película convencional, sino la más brillante y dolorosa representación de un sueño cinematográfico. Vigalondo nos ofrece una obra única e inclasificable, una pieza de cine soñado y eterno.
Un buen día, en mitad de la posproducción, estalló el escándalo lo que no iba a ser más que una cinta perfectamente predecible se transformó en lo que es hoy: el puntual relato de un esfuerzo delicadamente inútil.
Brillante y perturbador estudio de asuntos tales como la identidad, los límites del humor y, por qué no, el sentido de todo esto. (...) Por resumirlo mucho: hipnótico.