La primera mitad del filme se siente pesada debido a un guión que parece demasiado auto-referencial y artificial. Sin embargo, sorprendentemente, a medida que avanza la trama, el ambiente se vuelve más envolvente y logra transmitir una auténtica sensación de profundidad.
Entre la extravagancia y la desmesura, la película brilla al enfocarse en su faceta cómica, sin embargo, sufre cuando los Larrieu intentan ir más allá de ello.
A su favor, el siempre solvente trabajo de un Damon capaz como nadie de convencer con su sola presencia. En contra, el poco fuste de un relato demasiado cerca de la obviedad.
Con astucia, el director teje una intrincada red que atrapa al espectador en un estado de inquietud y frialdad. Una obra maestra que brilla en su dolorosa perfección.
Biscayart y Corberó se responden mutuamente en una actuación llena de equilibrio y libertad, expresándose sin prejuicios. La voz de Ortega destaca por ser única, auténtica y sorprendente.
Los balbuceos pseudo-filosóficos interfieren de manera notable en el desarrollo de la historia. La ostentación visual de la obra, en comparación, se siente tan arbitraria como ingenua y, en ocasiones, se vuelve simplemente ridícula.
No es una película convencional, sino la más brillante y dolorosa representación de un sueño cinematográfico. Vigalondo nos ofrece una obra única e inclasificable, una pieza de cine soñado y eterno.
El documental explora los elementos complejos de una veneración que, según el hablante, se presenta con diferentes matices. Sin embargo, solo toca superficialmente algunas ideas que podrían revelar un misterio quizás no tan enigmático.
No queda otra que rendirse. La historia del concierto de la banda de Dublín en un Sarajevo en ruinas, justo al finalizar la guerra, es memorable y emociona profundamente.
Irresistible película de Rodrigo Cortés, que sorprende con una obra ingeniosa, divertida y política, sin que esto parezca obvio. Un producto cinematográfico que se destaca por su originalidad y humor.
La primera parte de la película realmente impresiona y genera emoción. 'Sons' se despliega ante nuestros ojos como una pesadilla que sigue sus propias reglas de redención y castigo. Sin embargo, el guion pierde su rumbo, eligiendo un desenlace predecible.
El esfuerzo por controlar las acciones del protagonista, interpretado de manera destacada por Jake Gyllenhaal, lleva a la película a caer prematuramente en tramas ya exploradas.