Es una profunda reflexión sobre los límites de la sexualidad y la carne. Al mismo tiempo, puede ser considerada una de las peores películas pornográficas. De todas formas, esta obra se establece como un punto culminante en la filmografía del director.
El rigor exótico de la puesta en escena y las interpretaciones es atractivo, pero el patetismo forzado y los mensajes excesivos resultan agotadores. La historia carece de desarrollo y se pierde demasiado lejos de su propósito.
Kiarostami, en su intento de emular a Roberto Rossellini, logra un resultado impresionante. Se trata de una obra que resplandece, donde el cine mismo brilla en un ejercicio de autorreflexión que es tanto placentero como excepcional.
Un filme que, al tomar riesgos y abordar su propia mortalidad de forma abierta, presenta suficientes elementos que lo hacen memorable, aunque sea solo por un momento.
Una reinvención del romanticismo que no cae en clichés, aunque su resultado es desigual. Es un tanto cursi, pero posee una elegancia particular. Florence Pugh y Andrew Garfield ofrecen interpretaciones sobresalientes que ayudan a entrelazar el drama.
Es estruendo y desafuero. Solo en los momentos en los que las interpretaciones se relajan y se desnudan de gestos desmesurados, la cinta logra transmitir la emoción que busca, aunque lamentablemente no se puede apreciar del todo.
Es una obra sumamente atractiva y provocativa. A pesar de que el desarrollo es inquietantemente pausado y se encuentra constantemente al borde del abismo, hay momentos en que puede resultar desalentador.
El film vuelve a ser una obra maestra que presenta de manera brillante un análisis profundo sobre el vacío humano relacionado con la culpa, la gracia y el perdón, ordenados de esta forma. Es una creación indiscutible de Schrader.
Pretende relatar una sencilla historia de amor y lo logra. A favor, la puesta en escena es similar a la de Rohmer, con un estilo libre y sin retóricas. En contra, la duración de dos horas se siente excesiva y pesada.
Una historia de amor que se presenta como una bella metáfora, mostrando la lucha de una mujer indígena entre las raíces de su tradición y los desafíos de la modernidad.
Depardieu brilla como nunca. Este hermoso melodrama se sostiene gracias a la poderosa expresión de su gesto, cuerpo y voz, que incluso nos regala una interpretación musical. Un verdadero grande del cine.
Stella Meghie crea una conmovedora y elaborada narración sobre el amor y la intimidad. Resulta impactante, pero refleja la realidad de manera auténtica.
Pocos ejercicios de cine son tan fundamentales y precisos. No es la primera vez que se presenta una expresión de pasión cruda de esta manera, pero es agradable hacer un recordatorio de ello.
Débil comedia que destaca principalmente por la verborrea característica de Quentin Tarantino, quien aporta análisis sobre el subtexto oculto de Top Gun, creando una experiencia francamente delirante.