Una película fríamente abstracta que se desplaza por la percepción con una risa sombría que resuena con el concepto de su título, que habla del final. Tanto su trágico como su cómico hacen una combinación intrigante.
Una hermosa fábula que se aleja del castigo moral. Es una película que cree firmemente en su poder para emocionar sin ser invasiva, logrando tocar el corazón sin resultar pesadas.
Las brillantes y pautadas interpretaciones, junto con el ritmo contagiosamente sonámbulo de la historia, logran salvar a la película de los peligros evidentes.
Pritzker logra iniciar su película de forma excepcional. Sin embargo, el uso excesivo de clichés en la narración y la dirección perjudica gran parte de lo que se había conseguido en el primer tercio. Se pierde originalidad y frescura en el desarrollo.
Urbizu en su máxima expresión, una obra intensa y peligrosa. El director establece las normas, crea un universo propio y cuenta con sus actores preferidos. Todo esto se traduce en una experiencia cinematográfica digna de la pantalla grande, aunque presentada en formato televisivo.
Rudolph, en su faceta más introspectiva y moderna, se aleja de lo barrocamente complicado y presenta un thriller bastante clásico. Este nuevo enfoque carece de los matices de su trabajo anterior y se siente más como una prosa directa y sencilla.
Con un descuido narrativo que confunde y divierte a partes iguales. Se sale del cine tan contento como, justo es admitirlo, mareado. Como siempre que se visita a To, vamos.
El resultado presenta un recorrido que, aunque no alcanza el nivel visual y la provocación de sus obras más destacadas, resulta ser confuso y provocador en su esencia.
Descarnada, lenguaraz y cálida comedia sencillamente genial. Frears regresa de Hollywood al territorio de las pequeñas y grandes obras de sus orígenes.
El director logra plasmar con exactitud el vacío que supone una huida y la tristeza que la acompaña. Esto se debe en gran parte a las interpretaciones de Susi Sánchez y Bárbara Lennie, quienes se presentan de manera calculada y perfectamente desquiciada.
Deslumbrante mirada interior. Dueñas, magnífica en su tristeza, es igualada por la cada vez más brillante actuación de Anna Castillo, quien crece con cada paso que da. Sin duda, una de las películas españolas más destacadas del año.
El resultado es excepcional. La obra es intensa, dramática y profundamente personal. En ciertos momentos, evoca el estilo de Eliseo Subiela o el propio Almodóvar. Sin embargo, lo fundamental es que Coppola tiene un estilo único que nadie puede cuestionar.