Narrada con convicción, pero con evidentes desajustes, busca más la espectacularidad que la eficacia dramatúrgica, dejando un regusto a película fallida. La espléndida Juana Acosta logra sobresalir.
Fórmula efectiva. A la vez comedia llena de giros inteligentes y diálogos brillantes, y película de acción, no se puede pedir más para pasar un rato entretenido.
La película exhibe un desbordamiento de testosterona, mostrando un machismo evidente y diálogos poco logrados. Sin embargo, también destaca por su dominio técnico en la narración, presenta una acción intensa y mantiene un uso habitual de la inverosimilitud en su trama.
La película está llena de acción, con una buena dosis de golpes, disparos, persecuciones y una pizca de exotismo. Es exactamente lo que espera cualquier fanático del género. Sin embargo, sería excesivo esperar de ella algo más que un entretenimiento ideal para disfrutar mientras se come una gran porción de palomitas.
No es más que un inmenso vehículo para el lucimiento del gran Harrison Ford. El actor ofrece una actuación magistral, demostrando una gran capacidad de autoconocimiento y un talento excepcional.
Con momentos de gran belleza plástica, Lluís Homar brilla en su actuación. La trama evoca un 'El padrino' vaticano, tejiendo un entramado de traiciones, muertes y defenestraciones. Es un carnaval siniestro que siempre provoca una profunda reflexión.
Una película para toda la familia, pero también una propuesta nivelada a la baja. Es tonta y previsible; y por el camino se ha perdido todo lo que de bueno atesoraba aquel regreso del Zorro que está en la base de esta continuación.
Un título necesario. Para mostrar caminos, para que las nuevas generaciones de cineastas aprendan algo más que estilemas de género. Es una película dolorosa, implacablemente bella.
Impresionante. Un verdadero ensayo cinematográfico sobre cómo se construye y consolida la imagen, convirtiéndose en una reflexión sobre cómo mostrar el terrorismo.
No está hecha ni para espectadores habituales ni para públicos impacientes. Es una de las más arriesgadas, valientes y decididamente inusuales propuestas que han surgido del cine catalán en muchos años.
Larga y laboriosa en su materialización, descompensada entre unos prolegómenos un tanto fríos y un abrupto caer en las secuencias más guerreras y espectaculares; y poco eficazmente descritos sus personajes principales.
Rutilante, implacable y torrencial peripecia animada. No puede ser más original el arranque del filme. En la primera mitad de la película está lo mejor de la propuesta. Lo demás, aunque es interesante, queda un poco por debajo.
Mills presenta una película con numerosos elementos atractivos, destacando su manejo del humor de manera ingeniosa y una estructura que da giros inesperados.
Un filme lleno de ruido y ritmos musicales, sí, pero también alarmantemente machista y misógino, condenado, por lo que parece, a enseñorearse por plateas adolescentes; y ése es su mayor peligro.